EL INGRESO
Dos hechos de diferente importancia dieron un cambio radical a mi futuro. El
primero fue que el P. Rodriguez Leonardi, mi profesor de Higiene en el Colegio (y
Decano Fundador de la Facultad de Medicina del Salvador) me mandara a marzo,
de una forma bastante injusta, lo que determinó que no pudiera anotarme en el
ingreso a Medicina de la UBA, pues para inscribirse había que tener el título de
bachiller. Igualmente, junto con mis compañeros de colegio, Jesús María Aranda y
Domingo Eduardo García Morán hicimos el curso como oyentes con la intención de
darlo libre, cosa que sabíamos era harto difícil.
El segundo, mucho más doloroso, en enero del 59 (mientras yo estaba cursando
como oyente en la UBA) falleció mi querida hermana Adela, que era el nexo que
tenía con la Universidad Nacional, pues ella cursaba el 3er año y me transmitía su
entusiasmo.
Aranda había iniciado el ingreso también en El Salvador en agosto del ́58 y lo
había abandonado. Averiguó que podía reinscribirse él e inscribirnos nosotros en la
segunda parte (en verano) pero con la desventaja grande de no tener el puntaje del
curso de primavera. Los tres nos inscribimos. En lo que a mí atañe con gran
satisfacción del Cura Rodríguez, mi verdugo en Higiene.
Acá se inicia mi relación con la USAL.
El ingreso en El Salvador era limitado. Había solamente 60 vacantes para ingresar
a primer año y entraban los 60 primeros promedios. Estaba estructurado en dos
partes: la primera comenzaba en la primavera del año en que los estudiantes
cursaban 5° año y terminaba en diciembre con los parciales. Se reiniciaba en
febrero. A fines de marzo se daban los finales, los 60 primeros iniciaban primer año
en abril.
Dos características lo diferenciaban del de la UBA: cualquier título secundario era
válido (bachiller, perito mercantil o magisterio) y no importaban las materias que
podías adeudar del secundario; eso sí, era condición indispensable tener el título
para inscribirte en primer año. Lo primero proveyó a la facultad de excelente
material humano que no podía ingresar a la UBA por no ser bachiller, ya que las
equivalencias en general se transformaban en una vulgar matanza didáctica . El
argumento era que el ingreso suplía en los no bachilleres las carencias que tenían
sobre todo en física y química. El segundo no tenía fundamento lógico, salvo el que
pésimos estudiantes secundarios fueron a posteriori excelentes alumnos y
aventajados profesionales.
El ingreso constaba de las siguientes materias: química y física que las daba un
antiguo profesor del colegio, excelente docente, Angel Zotta; Matemática: Ingeniero
Diego Velázquez; Biología: Prof. Santos Lara; práctica de Anatomía: se estudiaba
Osteología y la daban los ayudantes de la Cátedra de Anatomía; Práctica de
Histología: que también la daban los ayudantes de la cátedra correspondiente y se
veía histología general y los tejidos básicos. De manera que al iniciar el primer año
se comenzaba con los aparatos y sistemas. Este asunto de las prácticas hacía que el
alumno de ingreso tomara contacto con la carrera de medicina, lo que le sacaba la
aridez propia de los estudios teóricos. Formación intelectual: el P. Juan Rodríguez
Leonardi.
Ocurrió algo curioso con los ingresantes. Dos de los que habían entrado debían
una materia de 5° año por lo que lo hicieron en forma condicional. Eso determinó
que los N° 61 y 62 también ingresaran por si algunos de los que tenían que
completar el secundario fuera reprobado. Al final, éstos aprobaron y los otros dos
también quedaron. En total entraron 62, yo era el 63...
De esta promoción con la que compartí febrero y marzo del 58 que conformaría,
los que completaron el curriculum impuesto por la facultad, la tercera promoción
(1965) recuerdo a:
Ingresantes en el año 1957, se graduaron en 1963:
Delorme, Ricardo;
Krolz, Marta Martín;
Luis Mercuri, Jorge.
Ingresantes en el año 1958, se graduaron en 1964:
Albertinazzi, Elba
Armesto Hugo**;
Bianco, Mabel;
Egozcue, Mercedes;
Klappenbach, Alejandro*;
Macome, Juan**:
Marino, Pilar;
Pinasco, Ignacio;
Pistol, Delia;
Raffo Magnasco, Isabel;
Ridruejo, Ovidio
Van Houtte, Isabel**
*Significa que abandonó la carrera.
*** Significa que se graduaron con los de la siguiente promoción.
DONDE FUNCIONABA LA FACULTAD
En principio el colegio cedió para el funcionamiento de medicina, parte del ala
NO, lo que corresponde a la calle Río Bamba hacia Lavalle. En el 1er. piso estaba el
museo de ciencias naturales del Colegio con su correspondiente laboratorio. En él
funcionaban las cátedras de anatomía e histología. El aula de química del Colegio
con su laboratorio donde se hacían los pocos prácticos de química y física y
funcionaba como aula para la facultad. El aula de física, también como aula
universitaria y en el 2° piso donde estaban las habitaciones de los internos (ya el
colegio hacía varios años que no tenía pupilos) se separaron en boxes y se instaló
fisiología. También en el 2° piso, pero en el extremo opuesto se armó el laboratorio
de microbiología (todo esto era para uso permanente).
Las clases teóricas se daban en otras aulas, que se compartían con el colegio,
pero a partir de las 5 de la tarde. Posteriormente el colegio también cedió la sala de
dibujo, contigua al museo, donde se instaló anatomía y la secretaría.