QUINTO AÑO
Iniciábamos con las especialidades.
Dermatología: profesor Luis María Baliña. Acá hay que hacer una breve referencia.
Baliña (siguiendo a su padre) se especializa en lepra y fue el trato con los leprosos lo que lo
hizo distinto. Años más tarde de nuestra cursada luchó y consiguió cambiar la antigua ley
sobre la lepra que había hecho su padre por una nueva, en la que se suprimía los
confinamientos de enfermos de lepra, ya que con los tratamientos nuevos era innecesario
separarlos de la familia, y éstos se podían hacer en forma ambulatoria. Entrevistando a un
discípulo suyo dijo “Baliña veía el rostro de Cristo en cada enfermo de lepra”. Recibió
varios premios de la Academia y fue presidente de varias sociedades.
Decano de nuestra facultad desde 1971 a 1973. Fin de la referencia. La dábamos en el
Muñiz donde había mucha patología. Usábamos como texto el Manual de Dermatología de
Juan Carlos Gatti (profesor asistente ) y José Esteban Cardama (profesor auxiliar de
nuestra facultad) ambos también eran docentes de la UBA. Los tres nos dieron la materia
en forma diaria durante un mes; muy buenos docentes. Hubo algunos temas que nos los
dictaron otros médicos, pero no los recuerdo. Un día se armó un revuelo porque habían
internado a un muchacho que venía de Misiones, al que fuimos todos a ver, con el
supuesto diagnóstico de viruela, enfermedad que hacía años que no se veía en Argentina
pero fue negativo.
Otorrinolaringología. La cursamos en el Italiano. El Profesor era Juan Manuel Tato, tal
vez uno de los docentes con mejor currículum de nuestra facultad. El texto era el de Diaz
Viale. Era un amplio salón dividido en boxes donde se atendían los pacientes. A mi me tocó
Lockart, que había sido jefe de servicio interino hasta que ganó por concurso la titularidad.
Tato, que lo acompañaba su hijo “Tatin”, Mascias y otros profesionales que no recuerdo.
En aquella época causaba furor la cirugía de la sordera producida por otosclerosis. Tato
fue unos de los precursores de la audiología y la estapedectomía entre otras cosas,
realmente aprendimos mucho.
Radiología: materia esperada. El titular era Manuel Malenchini, todo un capo,
compartiría con Tato un currículo envidiable. Fue el radiólogo de los Finochietto en el
Rawson y un verdadero maestro. Nos dió la primera clase que fue muy buena mostrando
sus dotes docentes y en placas lavadas gráficos teóricos. Decían que tenía una colección
envidiable de imágenes. Fue su primera y única clase, pues murió al poco tiempo. Tomaron
la posta algunos de sus discípulos, Héctor Trecu se hizo cargo de la cátedra. Los hermanos
Volpachio (no me acuerdo los nombre), el que parecía mayor con bigotes era el que más
clases nos daba, y el que parecía menor se lo veía con menos frecuencia, ambos eran
apasionados de la radiología y parecían disfrutar la docencia, tenían una colección muy
buena y nos invitaban a la nochecita a su consultorio en la calle Pinzón en la Boca.
También nos dió una clase Guillermo Palau, de la escuela del Rawson, discípulo de Martela
que fue el sucesor de Malechini. Una exposición magistral sobre una placa de tórax.
Realmente de radiología vimos mucho tanto en la sala 1 del Ramos como en la materia
propiamente dicha.
Oftalmología. Profesor Roberto Sanpaolesi, nos dio un apunte a mimeógrafo. Lo
ayudaban Reca e Infantino, al que años después encontré ejerciendo en Peuhajo y Tejedor.
También había otros jóvenes que lo acompañaban. Fuimos al htal. Pena pero hicimos poca
práctica. Sampaolesi era especializado en glaucoma donde sobresalió mucho. Fue titular de
oftalmología de la UBA y Presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología.
Acá se me presenta una duda. Tengo entendido que si ganabas la titularidad de la UBA
tenías que renunciar a la de la USAL pues eran incompatibles. No lo pudo asegurar.
Traumatología y ortopedia. El titular era “Tatin” Gonzalez. El texto Jorge Vals y col.
Era un traumatólogo importante y lo acompañaba Arce que nos dio algunas prácticas en el
Fernández. Él nos daba las teóricas en el auditorio de la Stapler donde también nos hizo
alguna mostración. Vi mucha traumatología en la guardia del Salaverry, pero eso es otro
capítulo.
Ginecología. El titular era Roberto Nicholson (yo estudié con apuntes de clase. Había un
texto de Conilly y otro de Beacham) un médico muy acreditado que atendía a toda la
sociedad porteña y aledaños. Era un tipo carismático, muy buen docente e investigador,
presidente de la FASGO y fundador de la Sociedad de esterilidad y fertilidad. Estaba
considerado entre los mejores médicos católicos, autor de un libro (entre otros) llamado
“Las palabras de Jesús”. Su adjunto, Zubizarreta, los dos muy buenos docentes y unos
tipos macanudos. En aquella época debutaron los anticonceptivos orales que trajeron gran
controversia en la Iglesia. Por las enseñanzas anteriores de la Iglesia no estarían
permitidos, pero entró en juego el:“todoloquenoestaexpresamenteprohibidoestapermitido” vs
“todoloquenoestaexpresamenteautorizadoestaprohibido”. Recién en 1968 Paulo VI sacó la
encíclica Humanae Vitae que los prohibió recibiendo muchas críticas y rechazos.
Nicholson estaba haciendo en la diócesis de Avellaneda (a cargo en aquella época de
Monseñor Jerónimo Podestá) una prueba piloto, por lo que fue motivo de críticas. Fue el
pionero en Latinoamérica de la fertilización in vitro. Miembro fundador y/o titular de
varias asociaciones ginecológicas y vastos reconocimientos en el extranjero. También fue
profesor titular de la UBA Las prácticas las hacíamos en el Instituto de Cirugía de Haedo
en el servicio de ginecología cuyo jefe era Delfin Vilanova, discípulo dilecto de Ricardo
Finochietto, fundador y posterior presidente de la Sociedad Argentina de Mastología y
otras sociedades más. Los médicos del servicio nos llevaban a los consultorios y a las
recorridas de sala, me acuerdo de Terzian, Comaleras, Serebrysky. Realmente fue una muy
buena cursada y aprendimos mucho.
Nefrología veníamos bastante mal, pues nos había fallado en fisiología, pero en tercero el
equipo de Miatelo nos dio una serie de clases que nos pusieron en onda y fueron muy
buenas. La cursamos también en el Pombo, era muy teórica, pero muy buena. Miatello y su
equipo eran excelentes docentes. Miatello fue uno de los precursores de la punción biopsia
y del trasplante renal. Autor del libro Nefrología con su equipo. Recuerdo a algunos de
ellos: Morelli, Moledo, Medel, Gotlieb. También fue fundador de la Sociedad
Latinoamericana de Nefrología y presidente de la Sociedad Argentina de Nefrología.
Teología II la materia la daba el Padre Diego Lozada, un sacerdote joven del clero secular,
muy progresista. Las clases eran muy disputadas y entretenidas. El Padre era muy abierto y
permitía el diálogo. En una oportunidad pretendió defender al grupo católico Pax polaco,
que era una quinta columna que tenían los soviéticos en la Iglesia, se armó un tole tole
bárbaro que él puso fin cambiando de tema.
SEXTO AÑO
Infecciosas: El profesor titular era Carlos Loizaga. La cursamos en el Htal Muñiz. Creo
que era el jefe de sala. Vimos muchos pacientes. En esa cursada fuimos a la sala de
pulmotores, creo que era la sala I de asistencia respiratoria. En aquella época no había
terapia intensiva. En general eran pacientes tetánicos. También tuvimos la oportunidad de
ver a una paciente con rabia. Ahí conocimos a Raúl Garbugino, muy buen docente, que
luego sería decano durante varios años.
Toxicología. El profesor titular era Alberto Calabrese y su adjunto Emilio Astolfi. Dos
capos, muy buenos docentes y personas. Calabrese con el tiempo ganó la cátedra en la UBA
y Astolfi quedó como titular de la nuestra. Hicieron juntos un libro y Astolfi un pequeño
manual de toxicología “Tratamiento de las intoxicaciones agudas” que nos ayudó mucho a
los médicos generalistas. Ya que estamos en el tema, aunque escape a la USAL, recuerdo la
Dra. Estela Gimenez fundadora del primer centro de asesoramiento toxicológico telefónico
en 1962, que funcionaba muy bien a toda hora, y que a nosotros nos “sacó muchas veces las
castañas del fuego”. Calabrese era también médico legista así que a veces hablaba del tema.
Nos contó que intervino en el primer caso de cirugía de cambio de sexo en la Argentina. La
hizo un urólogo Defazio. Intervino la Cámara Nacional Criminal y Correccional y condenó
al médico por la emasculación, aunque hubiera consentimiento, porque lo consideraba una
persona enferma y hacía la diferencia entre homosexual y transexual. Calabrese hacía
notar la extraña personalidad del sujeto que era una persona madura y físicamente, como
mujer, muy fea.
Psiquiatría la cursamos en el Braulio Moyano con Luis M. Martinez Dalke como
profesor. Era una psiquiatría clásica que se manejaba con los 6 ó 7 diagnósticos
psiquiátricos habituales: esquizofrenia, retraso mental, idiocia, imbecilidad, demencia,
delirios, síndrome maníaco depresivo, etc. Nunca se habló de psicoanálisis. Los psiquiatras
trataban a sus pacientes con medicación (dejemos en el olvido los distintos tipos de shock).
Martínez Dalke fue precursor del shock insulínico para el tratamiento de la esquizofrenia.
Fue presidente de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría en 1947. Los psicoanalistas
buceaban el inconsciente buscando el origen de las diferentes patologías. El Cura en las
clases de psicología nos fue introduciendo en las teorías freudianas. Por ejemplo en
medicina legal la cuestión era bastante simplificada, – demente (alienado) es inimputable,
neurótico a la cárcel-. En general las clases consistían en interrogatorio a internos donde
con suma habilidad, partiendo de un paciente totalmente cuerdo llegaba al punto en el que
afloraba, casi espontáneamente, el delirio. La mayoría de los diagnósticos eran delirio en
retardo mental, así aparecían Eva Perón, Mussolini alguna vez Hitler.
Un día nos llevó a conocer “algo de lo que no se habla”. Fuimos a los fondos del terreno
donde pasamos previamente por unas edificaciones con cuchetas triples de lo más toscas
de madera; lo más parecido a un stalag. En el amplio patio de tierra había cientos de
mujeres dementes deambulado cada una por su lado, con sus caras inexpresivas, una
defecando, casi ninguna hablaba, salvo que lo hiciera con ella misma. Martinez Dalke nos
explicó que eran pacientes que sus familiares las habían abandonado, ya que muchas
podrían convivir con personas sanas si recibían el cuidado que requerían. (Algo parecido
era el Open Door donde los alienados vagaban por el campo, muchos de ellos podrían estar
en sus casas bajo la responsabilidad de sus familiares). TETRICO.
Fue para mí, por lo menos, una experiencia positiva pues poco veíamos de psiquiatría,
solamente en la guardia las clásicas histerias en sus dos variedades convulsiva o
comatosa, nada que no se arreglara con un Ampliactil. Por lo menos en mi radio de acción
actualmente han desaparecido las histéricas reemplazadas por las crisis de pánico.
Siguiendo la secuencia vendría Medicina Preventiva VI (que ahora se ve en varios años
bajo diferentes denominaciones; inicia en primero con Introducción a la Salud Pública) ya
que la teníamos todos los años pero el final de la materia sería en sexto año. Reemplazaría
a Higiene de la UBA (hoy es Salud Pública en dos años) que se cursaba en un año, no tengo
muchos recuerdos de estas cursadas creo que era una vez por semana y vimos algo de
administración hospitalaria, de epidemiología y hasta acá llego. Ganduglia Pirovano fue el
primer director del curso de bioestadística médica en 1957 y funcionario en varias
administraciones.
Medicina legal: profesor Mendez Tronge. El texto era de Nerio Rojas, (un clásico). Era
médico legista y trabajaba en la justicia, creo que en la morgue judicial. Fueron todas clases
teóricas, también contó algunas experiencias, trajo un montón de fotos todas muy
interesantes, suicidios, homicidios etc.
Obstetricia. Titular Roberto Votta. Yo estudié por apuntes y Perez, Baldi y Firpo. Acá me
voy a permitir una digresión personal, no hay nada más emotivo que oír el llanto de un
recién nacido, especialmente si el parto fue complicado. El acto médico de la obstetricia;
colaborar con la obra divina de la creación, Vos lo hiciste, a través de la naturaleza, y yo lo
ayudo a acomodarse en el nuevo y definitivo mundo que le toca vivir. Te transforma en un
colaborador de la generación de la vida, con un poco de orgullo puedo decir que le estás
dando una manito al Señor. También el viejo asunto de las dos vidas pesa y mucho. Creo
que me ha tocado intervenir en todas las especialidades pero los partos siempre fueron
especiales. Cuando vine a estos lares había un pediatra en todo el noroeste, otro que fungía
de pediatra y era generalista trataba la bronquiolitis con Disneal supositorios. Las
primeras neonatologías se iniciaron en la década del ́60. Actualmente conseguir una
derivación de un prematuro te puede llevar toda la noche hasta que... la intendente
consiga alguna particular a cargo de la intendencia y le sale una pequeña fortunita. Fin de
la digresión.
La cursamos en el desaparecido Salaberry, era un pequeño y viejo hospital que cubría una
extensa zona con mucha pobreza, eso hacía que la cantidad de pacientes fuera inmensa, ya
hablaré de él en su momento, se hacían hasta 10 partos por día. Sin intención de crítica: un
paridero. En la Sala de partos había dos mesas de partos, tuve oportunidad de ayudar a
uno en una camilla en el pasillo pues la sala de partos estaba llena. Se veía mucha
patología. El adjunto era Ernesto Berutti que también tenía una muy buena didáctica. Las
teóricas las daban en el colegio. Todo muy bien organizado. Asistir un parto es un arte y la
experiencia tiene un valor incalculable y eso hizo que hubiera poca investigación
obstétrica, Votta justamente fue uno de los pioneros en ella, que Caldeyro Barcia había
iniciado (en Uruguay) en la década del 60 sobre la fisología de la dinámica uterina. Votta
investigaba sobre “diabetes” y embarazo, endocrinología obstétrica, líquido amniótico,
embarazo prolongado, Chagas y embarazo. Lo seguía un médico joven tipo nerd, peladito,
que de lo único que me acuerdo era que se llamaba Harold. En el servicio había médicos
antiguos de gran experiencia. Creo que estuvo poco tiempo pues ganó la jefatura del
Argerich. Lo volveremos a ver cuándo me toque el internado. Votta fue miembro de
número de la Academia de Medicina Pediatría se cursaba como una especialidad
cualquiera, rápidamente advertí que debería hacerse en por lo menos dos años o en el
doble de tiempo que las otras. El titular era Juan J. Murthag,
El texto (un clásico) Juan Garrahan. Acá cabe una acotación familiar. Al morir mi abuelo,
en su mesa de luz estaba Medicina Infantil de Garrahan. La parte práctica la hacíamos en
el Niños, sala 1 (o 3), cuyo jefe era Luis María Cucullu Rivarola (que nos daba algunos
temas), pero la que mostró toda su capacidad docente y gran entusiasmo fue la Dra.
Fernanda G. de Aramburu, que la volvimos a tener en el Internado Rotatorio. Tengo
entendido que fue la pionera de la hepatología pediátrica. Nuestra compañera Isabel Raffo
Magnasco la acompañó en el equipo que formó e inclusive en algunas publicaciones.
Había en el servicio un residente de apellido judío que se ocupó mucho de nosotros, un
apasionado por la medicina, lamentablemente no recuerdo el apellido. Otra comisión, no
la mía, tuvo como docente a Nochetti Fasolino Jorge de quien decían era un excelente
docente, ambos Murthag y él fueron presidentes de la SAP.
Acá viene una complicación, en la libreta dice medicina III y la firma H. Podestá que figura
como profesor titular, que fue quien intervino en la terna que nos tomó la reválida, (luego
hablaremos de ese tema). Era mi penúltimo examen y me tomó Carlos Sanguinetti en
marzo del ́66. Me hizo de goma con arritmias. Mi primer y único bochazo. Como
justificación me estaba reponiendo de mi segunda hepatitis, no debía haberlo dado. En
mayo del ́66 lo di por segunda vez. Esta vez me lo tomó Sanguinetti padre y fue un
examen genial. Lucio me tiró algunas trampitas que sorteé bien, lo que provocó que se
riera. Me desquité, y me saqué 9. Los recuerdos se me han vuelto muy volátiles así que no
hay mucho que decir, no hay que olvidar que la facultad impuso las materias verticales de
modo que volveremos a ver los que nos dieron histología, fisiología y fisiopatología.
Cardiología: nos reencontramos con Bernardo Lozada, todo un docente. Ponía
entusiasmo en sus clases, hicimos unas prácticas en el Instituto Hermenegilda Pombo de
Rodríguez donde funcionaba un instituto de cardiología de la Academia de Medicina en la
calle Coronel Díaz, con el Dr. Franco, también muy buen docente pero sin el énfasis de
Lozada. También en el Rivadavia creo que con Podestá.
Neurología en el Castex o Presidente Perón o Policlínico de San Martín en la actualidad
HIGA Eva Perón. El profesor era Julio Ortiz de Zárate, decano en dos oportunidades de
nuestra facultad, excelente docente donde hicimos una cursada muy buena y vimos las
primeras arteriografías por punción carotídea, o tal vez la primera que vi fue en el Ramos
Mejía cuando se usaba un escamoteador. El estudio con el escamoteador tenía más de
show circense que de práctica médica, pero las placas salían y con eso se hacía diagnóstico.
Neumonología: el profesor titular era también el decano el Dr. Horacio Rodriguez
Castells fue presidente de la Liga Argentina de lucha contra la tuberculosis, miembro de la
Academia Nacional de Medicina y en varias oportunidades Ministro de Salud. A nosotros
como docente muy poco. El profesor asociado era Rovere, no recuerdo el nombre, que nos
dio varias clases y algún práctico en la Liga. También había un médico joven que nos dio
varios temas, no recuerdo el apellido.
Tisiología la cursamos en el Muñiz con el equipo de Luis González Montaner, recuerdo
Oscar Palma Beltrán, José Lestón; por lo menos esos eran los autores de los libros sobre
tuberculosis, después se sumó Matías Martínez. González Montaner fue decano del ́79 al
́88, era un excelente docente. Presidente de la AMA, de la Sociedad Argentina de
tisiología y patología torácica entre otras distinciones. Todo el equipo era muy bueno.
Estudiábamos con un Apunte de rotaprint llamado Tisiología de H. Z. Pagani.
Gastroenrología. La daba Lotti y por lo que me acuerdo fue bastante teórico. Las
teóricas eran muy buenas y ya habíamos visto mucho en Semiología.
Endocrinología volvió a aparecer Amílcar Arguelles que habíamos visto en fisiología y a
Isaac Molosnick. Nos daban en un Instituto Endocrinológico que era oficial. Me acuerdo
que nos mostró un espectrofotómetro de Bekcman con gran orgullo pues era lo último en
laboratorio.
Cirugía II y III tengo escasos recuerdos de estas cursadas. Me acuerdo de haber ido al
Tornú, donde nos dieron algunas clases, también a la Sala de cirugía del Muñiz cuyo jefe
era Zabalza muy buen docente, igualmente fuimos al Hospital Español llevados por Pérez
Elizalde, el jefe era Garacotche muy buen cirujano. Vimos una esplenectomía de un bazo
gigante en un paciente con leucemia linfática crónica, una técnica impecable, pero el
paciente murió a la tarde.
Acá aparece Urología, pues cosa rara no figura en la libreta universitaria que uso de
machete. Creo que fue en 6to. año pero no estoy muy seguro. La dábamos en el Htal de
Lomas de Zamora, Luisa C. de Gandulfo. En aquella época era municipal, actualmente es
provincial HIGA. El profesor era Ricardo Medel del equipo de Miatello y coautor de su
emblemático libro Nefrología. Era un tipo de físico grande y no muy delicado ya que le hizo
pasar algún mal momento a alguna de nuestras compañeras. Hacíamos consultorio, nos
llevaba al quirófano. Algunos de nuestros compañeros contaron que asistieron a una
cirugía en la que se produjo una lesión accidental de vena cava en una nefrectomía por
cáncer que fue bastante espectacular y lo resolvió con mucha destreza. Para mí fue una
buena experiencia tomar el tren todos los días, con los vagones casi vacíos, al contrario de
la masa que entraba en Buenos Aires. El tren es hermoso.
Otra materia que no aparece en mi libreta fue Terapéutica que creo que la cursamos en
5to. La daba Martinez y era muy útil pues unificamos conceptos en el tratamiento de
diferentes enfermedades. Debo reconocer que Martínez era un profesional muy bien
formado y excelente docente. Acá debutó como docente Atilio Barbeito que se mostró muy
bueno. Nos dio hipoglucemiantes orales y tratamiento de la DBT.
TEOLOGIA III: La daba el Padre Álvarez “Alvarito” jesuita, muy progresista, pero un tipo abierto al
diálogo. Como todas las clases de Teología fueron bastante discutidas, era en pleno
Concilio, pero muy interesantes.