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Juan Manuel Sáenz Cavia “Las crónicas"

A manera de prólogo    El hallazgo de mi libreta universitaria fue el empujoncito que necesitaba para hacer este escrito. No lo puedo llamar...

22 de abril de 2026

Juan Manuel Saenz Cavia "Las Cronicas" - Volumen 4

 Segundo año 1961

Esto es muy personal, pero ahora que murió Susana lo voy a contar. Para mi segundo año no empezó en abril sino en marzo. Con Susana teníamos una amistad muy importante, inclusive yo la había ayudado en química, que la habían bochado en un primer intento pero esta segunda vez la había aprobado. El 24 de marzo de 1962 teníamos que hacer una disección para la cátedra, y así disecando, teniendo al cadáver por mudo testigo le declaré mi amor, y desde entonces fuimos novios. Después nos casamos y formamos una hermosa y numerosa familia. El 10 de diciembre de 2025 se abrieron para ella las puertas de los Cielos y entró en la eternidad de la mano de su amado Jesús.

Ahora a las cosas. Teníamos cuatro materias médicas: fisiología, Química orgánica II, Física biológica y Anatomía topográfica y de superficie.

Humanistas: filosofía II, psicología II, matemáticas II,

Medicina preventiva II.

Fisiología. No había un profesor titular , tengo entendido que cuando se formó la facultad ese sería Villamil, que murió al poco tiempo.

Se habían inventado unas cátedras verticales en la cual un profesor o su equipo daba fisiología, fisiopatología y posteriormente clínica. Me acuerdo en cardiología a Bernardo Lozada, un excelente docente. Lo secundaba el Dr. Franco. Lozada nos pasó una película de broncoscopias, en un momento se observaba una secreción que ascendía y descendía con cierta cadencia y una compañera preguntó qué era y la respuesta vino expeditiva, “un pollo”.

Neurología: Julio C Ortiz de Zárate gran docente también, muy exigente.

Neumonología: la debería dar el decano, pero nos dió algunas clases (no muchas) Robere y otro médico joven que no recuerdo el nombre. Medio interno, Clavijo, al que le decíamos “eructito”. Como las clases eran a las dos de la tarde, o sea postprandiales, aguantaba los eructos inflando los cachetes. Me acuerdo de una anécdota que mostraba su “humildad”. Hablando de la exanguinotransfusión que se realiza a los recién nacidos con eritroblastosis fetal, él propuso un método que se llamó Salas (su colega) y … Clavijo.

Endocrinología: el titular era Amílcar Arguelles médico aeronáutico. Llegó a ser director de sanidad aeronáutica y presidente de la Sociedad Argentina de Endocrinología. Íbamos al instituto de endocrinología. Había un estudiante avanzado Rezzonico, que nos dio algunas clases (al otro año lo encontré como colimba con prórroga en el Hospital Militar) y por supuesto, Isaac Moloznik, joven médico que hizo una gran carrera como investigador, muy exigente y temido. Digestivo, Lotti. Hematología, Grignaschi y Devoto. Lo más dramático de esta situación era la carencia en nefrología. Protestamos mucho pero no se solucionó. Al año siguiente el equipo de Miatello nos dio unas pocas clases pero muy buenas y se reparó el déficit. Este problema se volvería a repetir porque algunas cosas estaban improvisadas y había que solucionarlas sobre la marcha. También nos daba la impresión que las autoridades se manejaban con demasiada independencia. Casi todos los titulares eran sobresalientes en sus respectivas materias llegando todos o casi todos a jefes o directores.

Química: fue un tema aparte. En la UBA se daba en un solo año, pero nosotros en 2. Veíamos en segundo la parte de metabolismo de hidratos de carbono, lípidos y proteínas que no recuerdo, además de hormonas y vitaminas. Pomes Ottone era muy buen docente. Mateo Chekherdemian era también un excelente docente. Nos hizo comprar un libro sobre el metabolismo lipídico que era muy didáctico y ahí abandonamos a Deulofeu y Marenzi que era un ícono de la bioquímica.

Anatomía topográfica y de superficie: era el 2° año de anatomía. Prácticamente la daba toda Dellepiane y una innovación en la enseñanza de la anatomía, pues era una introducción a la propedéutica clínica. Dellepiane había escrito un libro sobre la anatomía de superficie. El tomo 1° “Generalidades y miembros” lo publicó ilustrado con excelentes disecciones y fotos de preparados. El tomo 2°: “Cabeza cuello, tórax y abdomen” no pasó de apuntes mimeografiados que eran muy difíciles de conseguir (yo tengo uno, debería devolverlo, pero no sé a quién). También había publicado “Encephalón”, que eran cortes, esquemas y fotomicrografías (sic) del SNC, una maravilla para la comprensión de un tema tan difícil. Lo novedoso de la anatomía de superficie era que la materia se dictaba y el examen se tomaba con modelos humanos que no eran otros que compañeros nuestros con buen físico. Algún mal rato pasaron algunas compañeras nuestras cuando les preguntaran que indicaran donde estaba la espina del pubis. Siguiendo con anatomía no podemos olvidar a Lloveras, jefe de cirugía del Instituto de Cirugía de Haedo, del que ya hablamos en primer año. Fue el primero que nos llevó a un quirófano. A él le debo mi primera experiencia quirúrgica, una hernioplastia con local (con varias hipotensiones y salidas del quirófano). El asunto con Lloveras era que era experto en mano, y si te tocaba en un examen ni te la cuento. Otro aspecto que tuvo Dellepiane es que nos llevaba en grupos a su consultorio de traumatología del pabellón Torello del Htal. Tornu y veíamos enfermos. Fueron los primeros contactos con la propedéutica clínica.

Física: la daba Muracciole J.C., creo que era odontólogo. Buscando ahora encuentro un Manuel de Biofísica de la facultad de odontología escrito por Juan C. Muracciole, editado en 1965. Era muy ameno y simpático, nos dio algunos prácticos. Un recuerdo: termina la clase y como indicando que finaliza dice “ite misa est” que le dicen.

Del ciclo humanista:

Psicología, todo un tema. Nos daba un sacerdote, secular, que tenía una teoría propia. La “panrotundez”, no entendíamos ni jota. Hicimos un movimiento y Vasena fue a escuchar una clase, tampoco entendió nada pero trató de disimularlo.

De todos modos en 1961 en Argentina había tres psicólogos universitarios graduados en el exterior: el padre Leonardo Castellani expulsado de la compañía, con toda una historia,. Graduado en la Sorbona y dos más que no he podido encontrar los nombres. La primera facultad de psicología del país fue en Rosario (litoral) que se fundó en 1956, así que los primeros graduados deben haber sido en ´61/´62. Católica de Córdoba y Salvador se habrán fundado en ´58/´59. En este final de decenio se crearon otras en varias universidades nacionales. Había desde el principio de siglo intelectuales que se especializaron en psicología y por lo que sí hubo un montón de centros (algunos eran médicos, otros no). Un ejemplo es José Ingeniero, médico. Otro sería Knaak Peuser, sacerdote y filósofo. De todos modos la teoría de la panrotundez no dejó huella pues no aparece en Google. Uno de los chistes que recuerdo que dijo fue que el metabolismo se reducía a dos señoritas: Cata y Ana. Otro, Pedro D’Alfonso, filósofo, entre otras actividades tenía en nuestra adolescencia un instituto de orientación vocacional famoso. Formó parte del grupo, al que nos referimos en la “LAS PRIMERAS NOTICIAS”, como la proto Universidad del Salvador en el tema de psicología iniciado en el año 1942. Posteriormente fue parte de los fundadores de psicología en la UCA. Buceando en Google sobre los inicios de la enseñanza de la psicología en la Argentina, la conspiración de silencio sobre las universidades privadas (que fueron pioneras) es total. He leído varios trabajos y no son ni nombrados.

Matemáticas: dictada por Manolo Martínez Prieto, que nos dio integrales y ecuaciones diferenciales. Hacía las clases muy amenas y la idea era que supiéramos suficiente matemática para poder interpretar la campana de Gauss y poder desarrollar nuestras propias

estadísticas. Creo que fue la primera persona que nos habló de ecología, nos dijo – donde se junta un grupo de humanos ensucia y contamina. (Estamos hablando de 1961).

Capítulo aparte merece Filosofía que nos la daba Carlos Alberto “Bubi” Sacheri. Era una historia de las ideas filosóficas, compendiada, desde una perspectiva cristiana, haciendo especial hincapié en las 3 revoluciones anticristianas: la reforma protestante, la revolución francesa y la revolución comunista. Cuando estaba por terminar el curso le salió una beca a Canadá donde se doctoró. Cuando regresó fue docente de la UCA. En el año ´74 cuando tenía 41 años, en la época de plomo, los del ERP lo asesinaron a balazos delante de su familia. Publicó dos libros: La Iglesia Clandestina y el Orden Natural y muchos escritos. El curso lo terminó la profesora F.A. H. de Bun. Nos dio muy pocas clases.

No podemos pasar segundo año sin mencionar a Jorge Mércuri (alumno de la 1° promoción), era el jefe de trabajos prácticos de fisiología. Me atrevería a compararlo a un mago, no sé de dónde sacaba material, espacio, tiempo para los prácticos. Lo recuerdo claramente cuando los corrieron del Congreso cuando iban a buscar palomas para destruirles el cerebelo en el práctico en el que veíamos ataxia. Era un tipo fantástico, con todo respeto y cariño, un sabio loco, desarreglado, distraído, siempre dispuesto a explicar lo que le preguntaran. La facultad se cerraba a las nueve de la noche y a esa hora teníamos que irnos; lo estoy viendo tomando examen tipo coloquial a un grupo de estudiantes en Córdoba y Callao con el delantal y el estetoscopio colgando. Si no me equivoco el examen terminó en la boca del subte. Sé que hizo una carrera muy importante en la aeronáutica en el Instituto de Medicina aeronáutica y espacial.

Los cadáveres. Este es un tema interesante y propio de una facultad que recién se inicia. La cátedra tenía mucha demanda de cadáveres, imagínense, los alumnos de primer año hacíamos unas 20 a 22 disecciones en parejas de los miembros superiores e inferiores. Los ayudantes disecaban los preparados con los que iban a dar los prácticos, por ejemplo cuello, tórax abdomen y pelvis. Oscar Ángel disecó más de 20 nervios faciales para su tesis doctoral que trataba de ese tema. Nuestro proveedor de cadáveres era el Open Door, Colonia Cabred, cerca de Lujáan en la ruta 6. Los traíamos en camionetas de los alumnos (tengo dos presentes: Ovidio Álvarez y Chichín García Moran que después abandonó (1) en una combi que tenía el colegio). Salíamos de madrugada para llegar temprano. El encargado era un interno “el Loco Lucas” (tendría unos 50 años) un tipo muy normal que según él lo dejó la familia y nunca más volvió nadie a buscarlo. Siempre, según él, estaba en condiciones de salir pero para el alta se necesitaba que un adulto sano tomara la responsabilidad y él no tenía a nadie. Era muy caudillo y los demás locos lo respetaban mucho. Nosotros le llevábamos dos cartones de Saratoga (a los locos les encanta fumar) y los repartía entre sus compañeros y eso le daba cierta autoridad. Tengo montones de cuentos y los aburriré con alguno. La morgue era una dependencia separada del resto del edificio con una mesa central de cemento, los cadáveres dentro de rústicos cajones de madera que nosotros envolvíamos en una lona para su traslado. Una vez, al destapar el cajón el cadáver tenía una disección en el cuello sin suturar. Había habido un curso de ORL y habían hecho una demostración. Lucas muy enojado dijo “estos médicos, son unos irresponsables”, parecía que el demente era más responsable que lo médicos

También era la época que iniciaban las “colimbas”, les tocaban a los clase 40 y el año próximo los 41. Algunos tenían prórroga y otros la adelantaban, de modo que se me van a mezclar. Lo tengo a Chochi Colombo en aeronáutica, a Ricardo Mandojana en ejército, igual que Juancho Macome y yo. Cuando teníamos algún examen siempre íbamos de uniforme, para dar un poco de lástima. “Mirá, pobre muchacho está haciendo la colimba…”. Pero hay un caso que vale la pena recordar aunque requiera una explicación larga. Durante la guerra

de Corea ('50-'53) se dijo que la Argentina, como miembro de la ONU, iba a mandar tropas. Simultáneo a eso, la Policía Federal abrió una conscripción con la opción de hacerla en la policía, y era seguro que no ibas al ejército, entonces te salvabas de Corea. Por eso los colimbas que entraron a la federal se los llamó coreanos. Las condiciones eran que ingresabas a los 19 años, de modo que no entrabas en el sorteo de la clase. Tenía una buena y una mala, la buena era que no te tocaba marina (que duraba 2 años), la mala, que perdías la chance de salvarte por número bajo. Uno de nuestros compañeros optó esta opción, Hugo Romani. Hugo siguió cursando contra viento y marea en las horas que le dejaba libre el servicio. Quedó exprimido. Me acuerdo en una clase, con su uniforme dormido como un angelito. Con este cuento paro, aunque debe haber montones, pues si los hombres nos ponemos a contar cuentos de la milicia nos podemos pasar horas aburriendo a todo el mundo. (1) Habría que agregar a Miguel Hoffman que también traía cadáveres en una camioneta tapado con una lona y en una oportunidad se salvaron de un control policial

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