A manera de prólogo
El hallazgo de mi libreta universitaria fue el empujoncito que necesitaba para hacer este
escrito. No lo puedo llamar historia, apenas crónicas y recuerdos. Dejar constancia de lo
ocurrido en los inicios de la facultad de medicina de la USAL. Para ello usé como esqueleto
mi propia historia del paso por esas queridas aulas. Después de leerla y releerla, creo que
tiene exceso de autobiográfico y me disculpo por ello. De todos modos creo que mi propia
historia en la facultad no difiere en la sustancial con otras de mis compañeros, al fin de
cuentas todos nosotros somos parte de esta historia. Cuando cursábamos no pensamos en
eso, pero estábamos participando de un cambio radical que ocurrió en la enseñanza
universitaria en la Argentina. Ahora pasados muchos años nos damos cuenta. Como le dije
al Padre Rector, en una charla que tuvimos, no hay docente sin alumnos. Sin falsas
modestias, podemos tener el orgullo de ser pioneros en la construcción de esta, hoy magna
obra.
La obra en sí tiene una introducción, continúa con la descripción del ingreso, luego, año
por año, sigue con las guardias y el internado, salpicado de pequeñas historias (algunas
personales, otras no), comentarios y opiniones mías que no pude omitir.
Me encantaría, si alguno se anima a leerla que agregue faltantes, corrija errores,
concuerde sus opiniones. Prácticamente mi única bibliografía fue mi memoria, la libreta (mi
machete), mi propia biblioteca y algunos datos obtenidos en google.
Crónica 1
Algo sobre la libertad de enseñanza
La constitución argentina consagraba la libertad de enseñar y aprender, pero ésta
libertad estaba limitada a la enseñanza primaria y secundaria, el Estado mantenía un
férreo control sobre la enseñanza universitaria, aunque la Universidad Argentina
tenía el privilegio de su autonomía.
Caído Perón en septiembre de 1955, el gobierno de la Revolución Libertadora tenía
un serio compromiso con los católicos, ya que éstos, que habían ayudado a Perón a
ganar las elecciones de 1946, fueron uno de los factores determinantes de su caída.
Uno de los «premios» que recibieron fue la cartera de educación que le fue otorgada
a Atilio Dell'Oro Maini, un antiguo y reconocido intelectual católico. Para compensar,
el gobierno de la Universidad se lo entregó al Dr. José Luis Romero, un socialista
laicista de primera línea. El 23 de diciembre de 1955 se promulgó el decreto-ley 6405
referente al problema universitario. Esta ley que sirvió para que la izquierda,
desalojada de la universidad por Perón, tomara su revancha y «depurara» todo lo
que podía tener sospecha de peronismo y algo más, (entiéndase católicos) .También
dejó, a través de su artículo 28, la posibilidad de creación de universidades privadas.
Aunque dicho artículo era bastante impreciso creó una gran movilización estudiantil,
muy bien manejada por la izquierda, que llevó a la renuncia del ministro Dell'Oro (si
mal no recuerdo con bomba incluida, en la entrada del edificio de departamentos en
que vivía el renunciante, en la calle Rodriguez Peña al 1300) y no se habló más del
tema.
Llegado al gobierno en 1958, el Dr. Arturo Frondizi reabrió el debate sobre la
posibilidad de la existencia de Universidades Privadas pues de todos modos ya
funcionaban la Católica de Córdoba, la del Salvador y el Episcopado de Buenos Aires
el 7 de diciembre de 1958 había fundado la UCA. (1)
El debate salió a la calle en dos bandos: los que pretendían que el Estado
mantuviera el monopolio de la enseñanza universitaria se llamaron «laica» y los que
pretendían acabar con ese monopolio y permitir la creación de universidades
privadas fueron los «libre». Las movilizaciones fueron muy importantes por ambos
bandos con actos públicos, propaganda en las calles, marchas y varios episodios de
violencia que afortunadamente no pasaron a mayores (aunque pudo ser así). En el
mismo Colegio (en el futuro cuando me refiera al Colegio, si no hay otra aclaración,
se debe entender que me refiero al del Salvador) se organizó un multitudinario acto a
favor de la «libre», hubo algunas escaramuzas con algunos de la «laica» que hicieron
desorden en la calle Callao, pero la policía los dispersó con lacrimógenos.
Nosotros también fuimos víctimas de los lacrimógenos y corridas policiales cuando
la «libre» organizó un gran acto en la plaza de los dos Congresos.
El rector de la UBA era Risieri Frondizi, un laicista de ley. Éste y la FUBA, muy
organizada, jugaron ambos todas sus fichas a ganar la calle y desde ahí presionar,
pero Arturo Frondizi ya tenía tomada su decisión: el 30 de septiembre del mismo
año, después de ásperos debates el congreso convirtió el artículo 28, en la ley 14.557,
llamada “Domingorena” (por ser éste el legislador que la impulsó), que autorizaba la
creación de Universidades privadas. El presidente tuvo que emplearse a fondo para
terminar con la resistencia estudiantil «laica» que había tomado varios colegios y
facultades. La universidad Estatal había perdido definitivamente el monopolio de la
enseñanza y el país se dirigía hacia un nuevo período en materia de educación.
Algunas contradicciones que ocurrieron con este debate: un compañero nuestro era
egresado del Pellegrini, fuerte reducto de la «laica». Como para entrar en la UBA
tenías que ser bachiller y él era perito mercantil tenía que dar las equivalencias que
eran una verdadera carnicería y otro año más de atraso para ingresar a la Facultad.
El padre, un conocido urólogo, cuando se enteró que en el Salvador se ingresaba con
cualquier título secundario lo llevó de «prepo», contra su voluntad y sus principios,
y lo inscribió. Fue un buen compañero, recuerdo que cuando había crisis y se
recordaba a los que habían pasado a otra facultad decía: “hay quirse, hay quirse”.
Pero no se fué. Se graduó en nuestra universidad.
(1) Según mis cálculos la primera promoción de médicos en nuestra facultad inició sus estudios
de primer año, en 1957. La segunda en 1958. La tercera en 1959 y la cuarta (nosotros) en 1960.
La primera promoción revalidó en abril de 1964 y la segunda en diciembre del mismo año.
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