Entrada destacada

Juan Manuel Sáenz Cavia “Las crónicas"

A manera de prólogo    El hallazgo de mi libreta universitaria fue el empujoncito que necesitaba para hacer este escrito. No lo puedo llamar...

26 de mayo de 2026

Juan Manuel Sáenz Cavia - "Las Crónicas" - vol VI

 QUINTO AÑO

Iniciábamos con las especialidades.

Dermatología: profesor Luis María Baliña. Acá hay que hacer una breve referencia.

Baliña (siguiendo a su padre) se especializa en lepra y fue el trato con los leprosos lo que lo

hizo distinto. Años más tarde de nuestra cursada luchó y consiguió cambiar la antigua ley

sobre la lepra que había hecho su padre por una nueva, en la que se suprimía los

confinamientos de enfermos de lepra, ya que con los tratamientos nuevos era innecesario

separarlos de la familia, y éstos se podían hacer en forma ambulatoria. Entrevistando a un

discípulo suyo dijo “Baliña veía el rostro de Cristo en cada enfermo de lepra”. Recibió

varios premios de la Academia y fue presidente de varias sociedades.

Decano de nuestra facultad desde 1971 a 1973. Fin de la referencia. La dábamos en el

Muñiz donde había mucha patología. Usábamos como texto el Manual de Dermatología de

Juan Carlos Gatti (profesor asistente ) y José Esteban Cardama (profesor auxiliar de

nuestra facultad) ambos también eran docentes de la UBA. Los tres nos dieron la materia

en forma diaria durante un mes; muy buenos docentes. Hubo algunos temas que nos los

dictaron otros médicos, pero no los recuerdo. Un día se armó un revuelo porque habían

internado a un muchacho que venía de Misiones, al que fuimos todos a ver, con el

supuesto diagnóstico de viruela, enfermedad que hacía años que no se veía en Argentina

pero fue negativo.

Otorrinolaringología. La cursamos en el Italiano. El Profesor era Juan Manuel Tato, tal

vez uno de los docentes con mejor currículum de nuestra facultad. El texto era el de Diaz

Viale. Era un amplio salón dividido en boxes donde se atendían los pacientes. A mi me tocó

Lockart, que había sido jefe de servicio interino hasta que ganó por concurso la titularidad.

Tato, que lo acompañaba su hijo “Tatin”, Mascias y otros profesionales que no recuerdo.

En aquella época causaba furor la cirugía de la sordera producida por otosclerosis. Tato

fue unos de los precursores de la audiología y la estapedectomía entre otras cosas,

realmente aprendimos mucho.

Radiología: materia esperada. El titular era Manuel Malenchini, todo un capo,

compartiría con Tato un currículo envidiable. Fue el radiólogo de los Finochietto en el

Rawson y un verdadero maestro. Nos dió la primera clase que fue muy buena mostrando

sus dotes docentes y en placas lavadas gráficos teóricos. Decían que tenía una colección

envidiable de imágenes. Fue su primera y única clase, pues murió al poco tiempo. Tomaron

la posta algunos de sus discípulos, Héctor Trecu se hizo cargo de la cátedra. Los hermanos

Volpachio (no me acuerdo los nombre), el que parecía mayor con bigotes era el que más

clases nos daba, y el que parecía menor se lo veía con menos frecuencia, ambos eran

apasionados de la radiología y parecían disfrutar la docencia, tenían una colección muy

buena y nos invitaban a la nochecita a su consultorio en la calle Pinzón en la Boca.

También nos dió una clase Guillermo Palau, de la escuela del Rawson, discípulo de Martela

que fue el sucesor de Malechini. Una exposición magistral sobre una placa de tórax.

Realmente de radiología vimos mucho tanto en la sala 1 del Ramos como en la materia

propiamente dicha.

Oftalmología. Profesor Roberto Sanpaolesi, nos dio un apunte a mimeógrafo. Lo

ayudaban Reca e Infantino, al que años después encontré ejerciendo en Peuhajo y Tejedor.

También había otros jóvenes que lo acompañaban. Fuimos al htal. Pena pero hicimos poca

práctica. Sampaolesi era especializado en glaucoma donde sobresalió mucho. Fue titular de

oftalmología de la UBA y Presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología.

Acá se me presenta una duda. Tengo entendido que si ganabas la titularidad de la UBA

tenías que renunciar a la de la USAL pues eran incompatibles. No lo pudo asegurar.

Traumatología y ortopedia. El titular era “Tatin” Gonzalez. El texto Jorge Vals y col.

Era un traumatólogo importante y lo acompañaba Arce que nos dio algunas prácticas en el

Fernández. Él nos daba las teóricas en el auditorio de la Stapler donde también nos hizo

alguna mostración. Vi mucha traumatología en la guardia del Salaverry, pero eso es otro

capítulo.

Ginecología. El titular era Roberto Nicholson (yo estudié con apuntes de clase. Había un

texto de Conilly y otro de Beacham) un médico muy acreditado que atendía a toda la

sociedad porteña y aledaños. Era un tipo carismático, muy buen docente e investigador,

presidente de la FASGO y fundador de la Sociedad de esterilidad y fertilidad. Estaba

considerado entre los mejores médicos católicos, autor de un libro (entre otros) llamado

“Las palabras de Jesús”. Su adjunto, Zubizarreta, los dos muy buenos docentes y unos

tipos macanudos. En aquella época debutaron los anticonceptivos orales que trajeron gran

controversia en la Iglesia. Por las enseñanzas anteriores de la Iglesia no estarían

permitidos, pero entró en juego el:“todoloquenoestaexpresamenteprohibidoestapermitido” vs

“todoloquenoestaexpresamenteautorizadoestaprohibido”. Recién en 1968 Paulo VI sacó la

encíclica Humanae Vitae que los prohibió recibiendo muchas críticas y rechazos.

Nicholson estaba haciendo en la diócesis de Avellaneda (a cargo en aquella época de

Monseñor Jerónimo Podestá) una prueba piloto, por lo que fue motivo de críticas. Fue el

pionero en Latinoamérica de la fertilización in vitro. Miembro fundador y/o titular de

varias asociaciones ginecológicas y vastos reconocimientos en el extranjero. También fue

profesor titular de la UBA Las prácticas las hacíamos en el Instituto de Cirugía de Haedo

en el servicio de ginecología cuyo jefe era Delfin Vilanova, discípulo dilecto de Ricardo

Finochietto, fundador y posterior presidente de la Sociedad Argentina de Mastología y

otras sociedades más. Los médicos del servicio nos llevaban a los consultorios y a las

recorridas de sala, me acuerdo de Terzian, Comaleras, Serebrysky. Realmente fue una muy

buena cursada y aprendimos mucho.

Nefrología veníamos bastante mal, pues nos había fallado en fisiología, pero en tercero el

equipo de Miatelo nos dio una serie de clases que nos pusieron en onda y fueron muy

buenas. La cursamos también en el Pombo, era muy teórica, pero muy buena. Miatello y su

equipo eran excelentes docentes. Miatello fue uno de los precursores de la punción biopsia

y del trasplante renal. Autor del libro Nefrología con su equipo. Recuerdo a algunos de

ellos: Morelli, Moledo, Medel, Gotlieb. También fue fundador de la Sociedad

Latinoamericana de Nefrología y presidente de la Sociedad Argentina de Nefrología.

Teología II la materia la daba el Padre Diego Lozada, un sacerdote joven del clero secular,

muy progresista. Las clases eran muy disputadas y entretenidas. El Padre era muy abierto y

permitía el diálogo. En una oportunidad pretendió defender al grupo católico Pax polaco,

que era una quinta columna que tenían los soviéticos en la Iglesia, se armó un tole tole

bárbaro que él puso fin cambiando de tema.


SEXTO AÑO

Infecciosas: El profesor titular era Carlos Loizaga. La cursamos en el Htal Muñiz. Creo

que era el jefe de sala. Vimos muchos pacientes. En esa cursada fuimos a la sala de

pulmotores, creo que era la sala I de asistencia respiratoria. En aquella época no había

terapia intensiva. En general eran pacientes tetánicos. También tuvimos la oportunidad de

ver a una paciente con rabia. Ahí conocimos a Raúl Garbugino, muy buen docente, que

luego sería decano durante varios años.

Toxicología. El profesor titular era Alberto Calabrese y su adjunto Emilio Astolfi. Dos

capos, muy buenos docentes y personas. Calabrese con el tiempo ganó la cátedra en la UBA

y Astolfi quedó como titular de la nuestra. Hicieron juntos un libro y Astolfi un pequeño

manual de toxicología “Tratamiento de las intoxicaciones agudas” que nos ayudó mucho a

los médicos generalistas. Ya que estamos en el tema, aunque escape a la USAL, recuerdo la

Dra. Estela Gimenez fundadora del primer centro de asesoramiento toxicológico telefónico

en 1962, que funcionaba muy bien a toda hora, y que a nosotros nos “sacó muchas veces las

castañas del fuego”. Calabrese era también médico legista así que a veces hablaba del tema.

Nos contó que intervino en el primer caso de cirugía de cambio de sexo en la Argentina. La

hizo un urólogo Defazio. Intervino la Cámara Nacional Criminal y Correccional y condenó

al médico por la emasculación, aunque hubiera consentimiento, porque lo consideraba una

persona enferma y hacía la diferencia entre homosexual y transexual. Calabrese hacía

notar la extraña personalidad del sujeto que era una persona madura y físicamente, como

mujer, muy fea.

Psiquiatría la cursamos en el Braulio Moyano con Luis M. Martinez Dalke como

profesor. Era una psiquiatría clásica que se manejaba con los 6 ó 7 diagnósticos

psiquiátricos habituales: esquizofrenia, retraso mental, idiocia, imbecilidad, demencia,

delirios, síndrome maníaco depresivo, etc. Nunca se habló de psicoanálisis. Los psiquiatras

trataban a sus pacientes con medicación (dejemos en el olvido los distintos tipos de shock).

Martínez Dalke fue precursor del shock insulínico para el tratamiento de la esquizofrenia.

Fue presidente de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría en 1947. Los psicoanalistas

buceaban el inconsciente buscando el origen de las diferentes patologías. El Cura en las

clases de psicología nos fue introduciendo en las teorías freudianas. Por ejemplo en

medicina legal la cuestión era bastante simplificada, – demente (alienado) es inimputable,

neurótico a la cárcel-. En general las clases consistían en interrogatorio a internos donde

con suma habilidad, partiendo de un paciente totalmente cuerdo llegaba al punto en el que

afloraba, casi espontáneamente, el delirio. La mayoría de los diagnósticos eran delirio en

retardo mental, así aparecían Eva Perón, Mussolini alguna vez Hitler.

Un día nos llevó a conocer “algo de lo que no se habla”. Fuimos a los fondos del terreno

donde pasamos previamente por unas edificaciones con cuchetas triples de lo más toscas

de madera; lo más parecido a un stalag. En el amplio patio de tierra había cientos de

mujeres dementes deambulado cada una por su lado, con sus caras inexpresivas, una

defecando, casi ninguna hablaba, salvo que lo hiciera con ella misma. Martinez Dalke nos

explicó que eran pacientes que sus familiares las habían abandonado, ya que muchas

podrían convivir con personas sanas si recibían el cuidado que requerían. (Algo parecido

era el Open Door donde los alienados vagaban por el campo, muchos de ellos podrían estar

en sus casas bajo la responsabilidad de sus familiares). TETRICO.

Fue para mí, por lo menos, una experiencia positiva pues poco veíamos de psiquiatría,

solamente en la guardia las clásicas histerias en sus dos variedades convulsiva o

comatosa, nada que no se arreglara con un Ampliactil. Por lo menos en mi radio de acción

actualmente han desaparecido las histéricas reemplazadas por las crisis de pánico.

Siguiendo la secuencia vendría Medicina Preventiva VI (que ahora se ve en varios años

bajo diferentes denominaciones; inicia en primero con Introducción a la Salud Pública) ya

que la teníamos todos los años pero el final de la materia sería en sexto año. Reemplazaría

a Higiene de la UBA (hoy es Salud Pública en dos años) que se cursaba en un año, no tengo

muchos recuerdos de estas cursadas creo que era una vez por semana y vimos algo de

administración hospitalaria, de epidemiología y hasta acá llego. Ganduglia Pirovano fue el

primer director del curso de bioestadística médica en 1957 y funcionario en varias

administraciones.

Medicina legal: profesor Mendez Tronge. El texto era de Nerio Rojas, (un clásico). Era

médico legista y trabajaba en la justicia, creo que en la morgue judicial. Fueron todas clases

teóricas, también contó algunas experiencias, trajo un montón de fotos todas muy

interesantes, suicidios, homicidios etc.

Obstetricia. Titular Roberto Votta. Yo estudié por apuntes y Perez, Baldi y Firpo. Acá me

voy a permitir una digresión personal, no hay nada más emotivo que oír el llanto de un

recién nacido, especialmente si el parto fue complicado. El acto médico de la obstetricia;

colaborar con la obra divina de la creación, Vos lo hiciste, a través de la naturaleza, y yo lo

ayudo a acomodarse en el nuevo y definitivo mundo que le toca vivir. Te transforma en un

colaborador de la generación de la vida, con un poco de orgullo puedo decir que le estás

dando una manito al Señor. También el viejo asunto de las dos vidas pesa y mucho. Creo

que me ha tocado intervenir en todas las especialidades pero los partos siempre fueron

especiales. Cuando vine a estos lares había un pediatra en todo el noroeste, otro que fungía

de pediatra y era generalista trataba la bronquiolitis con Disneal supositorios. Las

primeras neonatologías se iniciaron en la década del  ́60. Actualmente conseguir una

derivación de un prematuro te puede llevar toda la noche hasta que... la intendente

consiga alguna particular a cargo de la intendencia y le sale una pequeña fortunita. Fin de

la digresión.

La cursamos en el desaparecido Salaberry, era un pequeño y viejo hospital que cubría una

extensa zona con mucha pobreza, eso hacía que la cantidad de pacientes fuera inmensa, ya

hablaré de él en su momento, se hacían hasta 10 partos por día. Sin intención de crítica: un

paridero. En la Sala de partos había dos mesas de partos, tuve oportunidad de ayudar a

uno en una camilla en el pasillo pues la sala de partos estaba llena. Se veía mucha

patología. El adjunto era Ernesto Berutti que también tenía una muy buena didáctica. Las

teóricas las daban en el colegio. Todo muy bien organizado. Asistir un parto es un arte y la

experiencia tiene un valor incalculable y eso hizo que hubiera poca investigación

obstétrica, Votta justamente fue uno de los pioneros en ella, que Caldeyro Barcia había

iniciado (en Uruguay) en la década del 60 sobre la fisología de la dinámica uterina. Votta

investigaba sobre “diabetes” y embarazo, endocrinología obstétrica, líquido amniótico,

embarazo prolongado, Chagas y embarazo. Lo seguía un médico joven tipo nerd, peladito,

que de lo único que me acuerdo era que se llamaba Harold. En el servicio había médicos

antiguos de gran experiencia. Creo que estuvo poco tiempo pues ganó la jefatura del

Argerich. Lo volveremos a ver cuándo me toque el internado. Votta fue miembro de

número de la Academia de Medicina Pediatría se cursaba como una especialidad

cualquiera, rápidamente advertí que debería hacerse en por lo menos dos años o en el

doble de tiempo que las otras. El titular era Juan J. Murthag,

El texto (un clásico) Juan Garrahan. Acá cabe una acotación familiar. Al morir mi abuelo,

en su mesa de luz estaba Medicina Infantil de Garrahan. La parte práctica la hacíamos en

el Niños, sala 1 (o 3), cuyo jefe era Luis María Cucullu Rivarola (que nos daba algunos

temas), pero la que mostró toda su capacidad docente y gran entusiasmo fue la Dra.

Fernanda G. de Aramburu, que la volvimos a tener en el Internado Rotatorio. Tengo

entendido que fue la pionera de la hepatología pediátrica. Nuestra compañera Isabel Raffo

Magnasco la acompañó en el equipo que formó e inclusive en algunas publicaciones.

Había en el servicio un residente de apellido judío que se ocupó mucho de nosotros, un

apasionado por la medicina, lamentablemente no recuerdo el apellido. Otra comisión, no

la mía, tuvo como docente a Nochetti Fasolino Jorge de quien decían era un excelente

docente, ambos Murthag y él fueron presidentes de la SAP.

Acá viene una complicación, en la libreta dice medicina III y la firma H. Podestá que figura

como profesor titular, que fue quien intervino en la terna que nos tomó la reválida, (luego

hablaremos de ese tema). Era mi penúltimo examen y me tomó Carlos Sanguinetti en

marzo del  ́66. Me hizo de goma con arritmias. Mi primer y único bochazo. Como

justificación me estaba reponiendo de mi segunda hepatitis, no debía haberlo dado. En

mayo del  ́66 lo di por segunda vez. Esta vez me lo tomó Sanguinetti padre y fue un

examen genial. Lucio me tiró algunas trampitas que sorteé bien, lo que provocó que se

riera. Me desquité, y me saqué 9. Los recuerdos se me han vuelto muy volátiles así que no

hay mucho que decir, no hay que olvidar que la facultad impuso las materias verticales de

modo que volveremos a ver los que nos dieron histología, fisiología y fisiopatología.

Cardiología: nos reencontramos con Bernardo Lozada, todo un docente. Ponía

entusiasmo en sus clases, hicimos unas prácticas en el Instituto Hermenegilda Pombo de

Rodríguez donde funcionaba un instituto de cardiología de la Academia de Medicina en la

calle Coronel Díaz, con el Dr. Franco, también muy buen docente pero sin el énfasis de

Lozada. También en el Rivadavia creo que con Podestá.

Neurología en el Castex o Presidente Perón o Policlínico de San Martín en la actualidad

HIGA Eva Perón. El profesor era Julio Ortiz de Zárate, decano en dos oportunidades de

nuestra facultad, excelente docente donde hicimos una cursada muy buena y vimos las

primeras arteriografías por punción carotídea, o tal vez la primera que vi fue en el Ramos

Mejía cuando se usaba un escamoteador. El estudio con el escamoteador tenía más de

show circense que de práctica médica, pero las placas salían y con eso se hacía diagnóstico.

Neumonología: el profesor titular era también el decano el Dr. Horacio Rodriguez

Castells fue presidente de la Liga Argentina de lucha contra la tuberculosis, miembro de la

Academia Nacional de Medicina y en varias oportunidades Ministro de Salud. A nosotros

como docente muy poco. El profesor asociado era Rovere, no recuerdo el nombre, que nos

dio varias clases y algún práctico en la Liga. También había un médico joven que nos dio

varios temas, no recuerdo el apellido.

Tisiología la cursamos en el Muñiz con el equipo de Luis González Montaner, recuerdo

Oscar Palma Beltrán, José Lestón; por lo menos esos eran los autores de los libros sobre

tuberculosis, después se sumó Matías Martínez. González Montaner fue decano del  ́79 al


 ́88, era un excelente docente. Presidente de la AMA, de la Sociedad Argentina de

tisiología y patología torácica entre otras distinciones. Todo el equipo era muy bueno.

Estudiábamos con un Apunte de rotaprint llamado Tisiología de H. Z. Pagani.

Gastroenrología. La daba Lotti y por lo que me acuerdo fue bastante teórico. Las

teóricas eran muy buenas y ya habíamos visto mucho en Semiología.

Endocrinología volvió a aparecer Amílcar Arguelles que habíamos visto en fisiología y a

Isaac Molosnick. Nos daban en un Instituto Endocrinológico que era oficial. Me acuerdo

que nos mostró un espectrofotómetro de Bekcman con gran orgullo pues era lo último en

laboratorio.

Cirugía II y III tengo escasos recuerdos de estas cursadas. Me acuerdo de haber ido al

Tornú, donde nos dieron algunas clases, también a la Sala de cirugía del Muñiz cuyo jefe

era Zabalza muy buen docente, igualmente fuimos al Hospital Español llevados por Pérez

Elizalde, el jefe era Garacotche muy buen cirujano. Vimos una esplenectomía de un bazo

gigante en un paciente con leucemia linfática crónica, una técnica impecable, pero el

paciente murió a la tarde.

Acá aparece Urología, pues cosa rara no figura en la libreta universitaria que uso de

machete. Creo que fue en 6to. año pero no estoy muy seguro. La dábamos en el Htal de

Lomas de Zamora, Luisa C. de Gandulfo. En aquella época era municipal, actualmente es

provincial HIGA. El profesor era Ricardo Medel del equipo de Miatello y coautor de su

emblemático libro Nefrología. Era un tipo de físico grande y no muy delicado ya que le hizo

pasar algún mal momento a alguna de nuestras compañeras. Hacíamos consultorio, nos

llevaba al quirófano. Algunos de nuestros compañeros contaron que asistieron a una

cirugía en la que se produjo una lesión accidental de vena cava en una nefrectomía por

cáncer que fue bastante espectacular y lo resolvió con mucha destreza. Para mí fue una

buena experiencia tomar el tren todos los días, con los vagones casi vacíos, al contrario de

la masa que entraba en Buenos Aires. El tren es hermoso.

Otra materia que no aparece en mi libreta fue Terapéutica que creo que la cursamos en

5to. La daba Martinez y era muy útil pues unificamos conceptos en el tratamiento de

diferentes enfermedades. Debo reconocer que Martínez era un profesional muy bien

formado y excelente docente. Acá debutó como docente Atilio Barbeito que se mostró muy

bueno. Nos dio hipoglucemiantes orales y tratamiento de la DBT.

TEOLOGIA III: La daba el Padre Álvarez “Alvarito” jesuita, muy progresista, pero un tipo abierto al

diálogo. Como todas las clases de Teología fueron bastante discutidas, era en pleno

Concilio, pero muy interesantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario