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Juan Manuel Sáenz Cavia “Las crónicas"

A manera de prólogo    El hallazgo de mi libreta universitaria fue el empujoncito que necesitaba para hacer este escrito. No lo puedo llamar...

29 de junio de 2026

Juan Manuel Sáenz Cavia - "Las Crónicas" - vol VI

 QUINTO AÑO

Iniciábamos con las especialidades.

Dermatología: profesor Luis María Baliña. Acá hay que hacer una breve referencia.

Baliña (siguiendo a su padre) se especializa en lepra y fue el trato con los leprosos lo que lo

hizo distinto. Años más tarde de nuestra cursada luchó y consiguió cambiar la antigua ley

sobre la lepra que había hecho su padre por una nueva, en la que se suprimía los

confinamientos de enfermos de lepra, ya que con los tratamientos nuevos era innecesario

separarlos de la familia, y éstos se podían hacer en forma ambulatoria. Entrevistando a un

discípulo suyo dijo “Baliña veía el rostro de Cristo en cada enfermo de lepra”. Recibió

varios premios de la Academia y fue presidente de varias sociedades.

Decano de nuestra facultad desde 1971 a 1973. Fin de la referencia. La dábamos en el

Muñiz donde había mucha patología. Usábamos como texto el Manual de Dermatología de

Juan Carlos Gatti (profesor asistente ) y José Esteban Cardama (profesor auxiliar de

nuestra facultad) ambos también eran docentes de la UBA. Los tres nos dieron la materia

en forma diaria durante un mes; muy buenos docentes. Hubo algunos temas que nos los

dictaron otros médicos, pero no los recuerdo. Un día se armó un revuelo porque habían

internado a un muchacho que venía de Misiones, al que fuimos todos a ver, con el

supuesto diagnóstico de viruela, enfermedad que hacía años que no se veía en Argentina

pero fue negativo.

Otorrinolaringología. La cursamos en el Italiano. El Profesor era Juan Manuel Tato, tal

vez uno de los docentes con mejor currículum de nuestra facultad. El texto era el de Diaz

Viale. Era un amplio salón dividido en boxes donde se atendían los pacientes. A mi me tocó

Lockart, que había sido jefe de servicio interino hasta que ganó por concurso la titularidad.

Tato, que lo acompañaba su hijo “Tatin”, Mascias y otros profesionales que no recuerdo.

En aquella época causaba furor la cirugía de la sordera producida por otosclerosis. Tato

fue unos de los precursores de la audiología y la estapedectomía entre otras cosas,

realmente aprendimos mucho.

Radiología: materia esperada. El titular era Manuel Malenchini, todo un capo,

compartiría con Tato un currículo envidiable. Fue el radiólogo de los Finochietto en el

Rawson y un verdadero maestro. Nos dió la primera clase que fue muy buena mostrando

sus dotes docentes y en placas lavadas gráficos teóricos. Decían que tenía una colección

envidiable de imágenes. Fue su primera y única clase, pues murió al poco tiempo. Tomaron

la posta algunos de sus discípulos, Héctor Trecu se hizo cargo de la cátedra. Los hermanos

Volpachio (no me acuerdo los nombre), el que parecía mayor con bigotes era el que más

clases nos daba, y el que parecía menor se lo veía con menos frecuencia, ambos eran

apasionados de la radiología y parecían disfrutar la docencia, tenían una colección muy

buena y nos invitaban a la nochecita a su consultorio en la calle Pinzón en la Boca.

También nos dió una clase Guillermo Palau, de la escuela del Rawson, discípulo de Martela

que fue el sucesor de Malechini. Una exposición magistral sobre una placa de tórax.

Realmente de radiología vimos mucho tanto en la sala 1 del Ramos como en la materia

propiamente dicha.

Oftalmología. Profesor Roberto Sanpaolesi, nos dio un apunte a mimeógrafo. Lo

ayudaban Reca e Infantino, al que años después encontré ejerciendo en Peuhajo y Tejedor.

También había otros jóvenes que lo acompañaban. Fuimos al htal. Pena pero hicimos poca

práctica. Sampaolesi era especializado en glaucoma donde sobresalió mucho. Fue titular de

oftalmología de la UBA y Presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología.

Acá se me presenta una duda. Tengo entendido que si ganabas la titularidad de la UBA

tenías que renunciar a la de la USAL pues eran incompatibles. No lo pudo asegurar.

Traumatología y ortopedia. El titular era “Tatin” Gonzalez. El texto Jorge Vals y col.

Era un traumatólogo importante y lo acompañaba Arce que nos dio algunas prácticas en el

Fernández. Él nos daba las teóricas en el auditorio de la Stapler donde también nos hizo

alguna mostración. Vi mucha traumatología en la guardia del Salaverry, pero eso es otro

capítulo.

Ginecología. El titular era Roberto Nicholson (yo estudié con apuntes de clase. Había un

texto de Conilly y otro de Beacham) un médico muy acreditado que atendía a toda la

sociedad porteña y aledaños. Era un tipo carismático, muy buen docente e investigador,

presidente de la FASGO y fundador de la Sociedad de esterilidad y fertilidad. Estaba

considerado entre los mejores médicos católicos, autor de un libro (entre otros) llamado

“Las palabras de Jesús”. Su adjunto, Zubizarreta, los dos muy buenos docentes y unos

tipos macanudos. En aquella época debutaron los anticonceptivos orales que trajeron gran

controversia en la Iglesia. Por las enseñanzas anteriores de la Iglesia no estarían

permitidos, pero entró en juego el:“todoloquenoestaexpresamenteprohibidoestapermitido” vs

“todoloquenoestaexpresamenteautorizadoestaprohibido”. Recién en 1968 Paulo VI sacó la

encíclica Humanae Vitae que los prohibió recibiendo muchas críticas y rechazos.

Nicholson estaba haciendo en la diócesis de Avellaneda (a cargo en aquella época de

Monseñor Jerónimo Podestá) una prueba piloto, por lo que fue motivo de críticas. Fue el

pionero en Latinoamérica de la fertilización in vitro. Miembro fundador y/o titular de

varias asociaciones ginecológicas y vastos reconocimientos en el extranjero. También fue

profesor titular de la UBA Las prácticas las hacíamos en el Instituto de Cirugía de Haedo

en el servicio de ginecología cuyo jefe era Delfin Vilanova, discípulo dilecto de Ricardo

Finochietto, fundador y posterior presidente de la Sociedad Argentina de Mastología y

otras sociedades más. Los médicos del servicio nos llevaban a los consultorios y a las

recorridas de sala, me acuerdo de Terzian, Comaleras, Serebrysky. Realmente fue una muy

buena cursada y aprendimos mucho.

Nefrología veníamos bastante mal, pues nos había fallado en fisiología, pero en tercero el

equipo de Miatelo nos dio una serie de clases que nos pusieron en onda y fueron muy

buenas. La cursamos también en el Pombo, era muy teórica, pero muy buena. Miatello y su

equipo eran excelentes docentes. Miatello fue uno de los precursores de la punción biopsia

y del trasplante renal. Autor del libro Nefrología con su equipo. Recuerdo a algunos de

ellos: Morelli, Moledo, Medel, Gotlieb. También fue fundador de la Sociedad

Latinoamericana de Nefrología y presidente de la Sociedad Argentina de Nefrología.

Teología II la materia la daba el Padre Diego Lozada, un sacerdote joven del clero secular,

muy progresista. Las clases eran muy disputadas y entretenidas. El Padre era muy abierto y

permitía el diálogo. En una oportunidad pretendió defender al grupo católico Pax polaco,

que era una quinta columna que tenían los soviéticos en la Iglesia, se armó un tole tole

bárbaro que él puso fin cambiando de tema.


SEXTO AÑO

Infecciosas: El profesor titular era Carlos Loizaga. La cursamos en el Htal Muñiz. Creo

que era el jefe de sala. Vimos muchos pacientes. En esa cursada fuimos a la sala de

pulmotores, creo que era la sala I de asistencia respiratoria. En aquella época no había

terapia intensiva. En general eran pacientes tetánicos. También tuvimos la oportunidad de

ver a una paciente con rabia. Ahí conocimos a Raúl Garbugino, muy buen docente, que

luego sería decano durante varios años.

Toxicología. El profesor titular era Alberto Calabrese y su adjunto Emilio Astolfi. Dos

capos, muy buenos docentes y personas. Calabrese con el tiempo ganó la cátedra en la UBA

y Astolfi quedó como titular de la nuestra. Hicieron juntos un libro y Astolfi un pequeño

manual de toxicología “Tratamiento de las intoxicaciones agudas” que nos ayudó mucho a

los médicos generalistas. Ya que estamos en el tema, aunque escape a la USAL, recuerdo la

Dra. Estela Gimenez fundadora del primer centro de asesoramiento toxicológico telefónico

en 1962, que funcionaba muy bien a toda hora, y que a nosotros nos “sacó muchas veces las

castañas del fuego”. Calabrese era también médico legista así que a veces hablaba del tema.

Nos contó que intervino en el primer caso de cirugía de cambio de sexo en la Argentina. La

hizo un urólogo Defazio. Intervino la Cámara Nacional Criminal y Correccional y condenó

al médico por la emasculación, aunque hubiera consentimiento, porque lo consideraba una

persona enferma y hacía la diferencia entre homosexual y transexual. Calabrese hacía

notar la extraña personalidad del sujeto que era una persona madura y físicamente, como

mujer, muy fea.

Psiquiatría la cursamos en el Braulio Moyano con Luis M. Martinez Dalke como

profesor. Era una psiquiatría clásica que se manejaba con los 6 ó 7 diagnósticos

psiquiátricos habituales: esquizofrenia, retraso mental, idiocia, imbecilidad, demencia,

delirios, síndrome maníaco depresivo, etc. Nunca se habló de psicoanálisis. Los psiquiatras

trataban a sus pacientes con medicación (dejemos en el olvido los distintos tipos de shock).

Martínez Dalke fue precursor del shock insulínico para el tratamiento de la esquizofrenia.

Fue presidente de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría en 1947. Los psicoanalistas

buceaban el inconsciente buscando el origen de las diferentes patologías. El Cura en las

clases de psicología nos fue introduciendo en las teorías freudianas. Por ejemplo en

medicina legal la cuestión era bastante simplificada, – demente (alienado) es inimputable,

neurótico a la cárcel-. En general las clases consistían en interrogatorio a internos donde

con suma habilidad, partiendo de un paciente totalmente cuerdo llegaba al punto en el que

afloraba, casi espontáneamente, el delirio. La mayoría de los diagnósticos eran delirio en

retardo mental, así aparecían Eva Perón, Mussolini alguna vez Hitler.

Un día nos llevó a conocer “algo de lo que no se habla”. Fuimos a los fondos del terreno

donde pasamos previamente por unas edificaciones con cuchetas triples de lo más toscas

de madera; lo más parecido a un stalag. En el amplio patio de tierra había cientos de

mujeres dementes deambulado cada una por su lado, con sus caras inexpresivas, una

defecando, casi ninguna hablaba, salvo que lo hiciera con ella misma. Martinez Dalke nos

explicó que eran pacientes que sus familiares las habían abandonado, ya que muchas

podrían convivir con personas sanas si recibían el cuidado que requerían. (Algo parecido

era el Open Door donde los alienados vagaban por el campo, muchos de ellos podrían estar

en sus casas bajo la responsabilidad de sus familiares). TETRICO.

Fue para mí, por lo menos, una experiencia positiva pues poco veíamos de psiquiatría,

solamente en la guardia las clásicas histerias en sus dos variedades convulsiva o

comatosa, nada que no se arreglara con un Ampliactil. Por lo menos en mi radio de acción

actualmente han desaparecido las histéricas reemplazadas por las crisis de pánico.

Siguiendo la secuencia vendría Medicina Preventiva VI (que ahora se ve en varios años

bajo diferentes denominaciones; inicia en primero con Introducción a la Salud Pública) ya

que la teníamos todos los años pero el final de la materia sería en sexto año. Reemplazaría

a Higiene de la UBA (hoy es Salud Pública en dos años) que se cursaba en un año, no tengo

muchos recuerdos de estas cursadas creo que era una vez por semana y vimos algo de

administración hospitalaria, de epidemiología y hasta acá llego. Ganduglia Pirovano fue el

primer director del curso de bioestadística médica en 1957 y funcionario en varias

administraciones.

Medicina legal: profesor Mendez Tronge. El texto era de Nerio Rojas, (un clásico). Era

médico legista y trabajaba en la justicia, creo que en la morgue judicial. Fueron todas clases

teóricas, también contó algunas experiencias, trajo un montón de fotos todas muy

interesantes, suicidios, homicidios etc.

Obstetricia. Titular Roberto Votta. Yo estudié por apuntes y Perez, Baldi y Firpo. Acá me

voy a permitir una digresión personal, no hay nada más emotivo que oír el llanto de un

recién nacido, especialmente si el parto fue complicado. El acto médico de la obstetricia;

colaborar con la obra divina de la creación, Vos lo hiciste, a través de la naturaleza, y yo lo

ayudo a acomodarse en el nuevo y definitivo mundo que le toca vivir. Te transforma en un

colaborador de la generación de la vida, con un poco de orgullo puedo decir que le estás

dando una manito al Señor. También el viejo asunto de las dos vidas pesa y mucho. Creo

que me ha tocado intervenir en todas las especialidades pero los partos siempre fueron

especiales. Cuando vine a estos lares había un pediatra en todo el noroeste, otro que fungía

de pediatra y era generalista trataba la bronquiolitis con Disneal supositorios. Las

primeras neonatologías se iniciaron en la década del  ́60. Actualmente conseguir una

derivación de un prematuro te puede llevar toda la noche hasta que... la intendente

consiga alguna particular a cargo de la intendencia y le sale una pequeña fortunita. Fin de

la digresión.

La cursamos en el desaparecido Salaberry, era un pequeño y viejo hospital que cubría una

extensa zona con mucha pobreza, eso hacía que la cantidad de pacientes fuera inmensa, ya

hablaré de él en su momento, se hacían hasta 10 partos por día. Sin intención de crítica: un

paridero. En la Sala de partos había dos mesas de partos, tuve oportunidad de ayudar a

uno en una camilla en el pasillo pues la sala de partos estaba llena. Se veía mucha

patología. El adjunto era Ernesto Berutti que también tenía una muy buena didáctica. Las

teóricas las daban en el colegio. Todo muy bien organizado. Asistir un parto es un arte y la

experiencia tiene un valor incalculable y eso hizo que hubiera poca investigación

obstétrica, Votta justamente fue uno de los pioneros en ella, que Caldeyro Barcia había

iniciado (en Uruguay) en la década del 60 sobre la fisología de la dinámica uterina. Votta

investigaba sobre “diabetes” y embarazo, endocrinología obstétrica, líquido amniótico,

embarazo prolongado, Chagas y embarazo. Lo seguía un médico joven tipo nerd, peladito,

que de lo único que me acuerdo era que se llamaba Harold. En el servicio había médicos

antiguos de gran experiencia. Creo que estuvo poco tiempo pues ganó la jefatura del

Argerich. Lo volveremos a ver cuándo me toque el internado. Votta fue miembro de

número de la Academia de Medicina Pediatría se cursaba como una especialidad

cualquiera, rápidamente advertí que debería hacerse en por lo menos dos años o en el

doble de tiempo que las otras. El titular era Juan J. Murthag,

El texto (un clásico) Juan Garrahan. Acá cabe una acotación familiar. Al morir mi abuelo,

en su mesa de luz estaba Medicina Infantil de Garrahan. La parte práctica la hacíamos en

el Niños, sala 1 (o 3), cuyo jefe era Luis María Cucullu Rivarola (que nos daba algunos

temas), pero la que mostró toda su capacidad docente y gran entusiasmo fue la Dra.

Fernanda G. de Aramburu, que la volvimos a tener en el Internado Rotatorio. Tengo

entendido que fue la pionera de la hepatología pediátrica. Nuestra compañera Isabel Raffo

Magnasco la acompañó en el equipo que formó e inclusive en algunas publicaciones.

Había en el servicio un residente de apellido judío que se ocupó mucho de nosotros, un

apasionado por la medicina, lamentablemente no recuerdo el apellido. Otra comisión, no

la mía, tuvo como docente a Nochetti Fasolino Jorge de quien decían era un excelente

docente, ambos Murthag y él fueron presidentes de la SAP.

Acá viene una complicación, en la libreta dice medicina III y la firma H. Podestá que figura

como profesor titular, que fue quien intervino en la terna que nos tomó la reválida, (luego

hablaremos de ese tema). Era mi penúltimo examen y me tomó Carlos Sanguinetti en

marzo del  ́66. Me hizo de goma con arritmias. Mi primer y único bochazo. Como

justificación me estaba reponiendo de mi segunda hepatitis, no debía haberlo dado. En

mayo del  ́66 lo di por segunda vez. Esta vez me lo tomó Sanguinetti padre y fue un

examen genial. Lucio me tiró algunas trampitas que sorteé bien, lo que provocó que se

riera. Me desquité, y me saqué 9. Los recuerdos se me han vuelto muy volátiles así que no

hay mucho que decir, no hay que olvidar que la facultad impuso las materias verticales de

modo que volveremos a ver los que nos dieron histología, fisiología y fisiopatología.

Cardiología: nos reencontramos con Bernardo Lozada, todo un docente. Ponía

entusiasmo en sus clases, hicimos unas prácticas en el Instituto Hermenegilda Pombo de

Rodríguez donde funcionaba un instituto de cardiología de la Academia de Medicina en la

calle Coronel Díaz, con el Dr. Franco, también muy buen docente pero sin el énfasis de

Lozada. También en el Rivadavia creo que con Podestá.

Neurología en el Castex o Presidente Perón o Policlínico de San Martín en la actualidad

HIGA Eva Perón. El profesor era Julio Ortiz de Zárate, decano en dos oportunidades de

nuestra facultad, excelente docente donde hicimos una cursada muy buena y vimos las

primeras arteriografías por punción carotídea, o tal vez la primera que vi fue en el Ramos

Mejía cuando se usaba un escamoteador. El estudio con el escamoteador tenía más de

show circense que de práctica médica, pero las placas salían y con eso se hacía diagnóstico.

Neumonología: el profesor titular era también el decano el Dr. Horacio Rodriguez

Castells fue presidente de la Liga Argentina de lucha contra la tuberculosis, miembro de la

Academia Nacional de Medicina y en varias oportunidades Ministro de Salud. A nosotros

como docente muy poco. El profesor asociado era Rovere, no recuerdo el nombre, que nos

dio varias clases y algún práctico en la Liga. También había un médico joven que nos dio

varios temas, no recuerdo el apellido.

Tisiología la cursamos en el Muñiz con el equipo de Luis González Montaner, recuerdo

Oscar Palma Beltrán, José Lestón; por lo menos esos eran los autores de los libros sobre

tuberculosis, después se sumó Matías Martínez. González Montaner fue decano del  ́79 al


 ́88, era un excelente docente. Presidente de la AMA, de la Sociedad Argentina de

tisiología y patología torácica entre otras distinciones. Todo el equipo era muy bueno.

Estudiábamos con un Apunte de rotaprint llamado Tisiología de H. Z. Pagani.

Gastroenrología. La daba Lotti y por lo que me acuerdo fue bastante teórico. Las

teóricas eran muy buenas y ya habíamos visto mucho en Semiología.

Endocrinología volvió a aparecer Amílcar Arguelles que habíamos visto en fisiología y a

Isaac Molosnick. Nos daban en un Instituto Endocrinológico que era oficial. Me acuerdo

que nos mostró un espectrofotómetro de Bekcman con gran orgullo pues era lo último en

laboratorio.

Cirugía II y III tengo escasos recuerdos de estas cursadas. Me acuerdo de haber ido al

Tornú, donde nos dieron algunas clases, también a la Sala de cirugía del Muñiz cuyo jefe

era Zabalza muy buen docente, igualmente fuimos al Hospital Español llevados por Pérez

Elizalde, el jefe era Garacotche muy buen cirujano. Vimos una esplenectomía de un bazo

gigante en un paciente con leucemia linfática crónica, una técnica impecable, pero el

paciente murió a la tarde.

Acá aparece Urología, pues cosa rara no figura en la libreta universitaria que uso de

machete. Creo que fue en 6to. año pero no estoy muy seguro. La dábamos en el Htal de

Lomas de Zamora, Luisa C. de Gandulfo. En aquella época era municipal, actualmente es

provincial HIGA. El profesor era Ricardo Medel del equipo de Miatello y coautor de su

emblemático libro Nefrología. Era un tipo de físico grande y no muy delicado ya que le hizo

pasar algún mal momento a alguna de nuestras compañeras. Hacíamos consultorio, nos

llevaba al quirófano. Algunos de nuestros compañeros contaron que asistieron a una

cirugía en la que se produjo una lesión accidental de vena cava en una nefrectomía por

cáncer que fue bastante espectacular y lo resolvió con mucha destreza. Para mí fue una

buena experiencia tomar el tren todos los días, con los vagones casi vacíos, al contrario de

la masa que entraba en Buenos Aires. El tren es hermoso.

Otra materia que no aparece en mi libreta fue Terapéutica que creo que la cursamos en

5to. La daba Martinez y era muy útil pues unificamos conceptos en el tratamiento de

diferentes enfermedades. Debo reconocer que Martínez era un profesional muy bien

formado y excelente docente. Acá debutó como docente Atilio Barbeito que se mostró muy

bueno. Nos dio hipoglucemiantes orales y tratamiento de la DBT.

TEOLOGIA III: La daba el Padre Álvarez “Alvarito” jesuita, muy progresista, pero un tipo abierto al

diálogo. Como todas las clases de Teología fueron bastante discutidas, era en pleno

Concilio, pero muy interesantes.

28 de junio de 2026

Juan Manuel Sáenz Cavia - "Las crónicas" - vol VII

 INTERNADO

Una novedad que presentaba el Salvador era el Internado Rotatorio. Acá conviene hacer una aclaración. En 1982 la facultad hizo el libro de ACTAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL INTERDISCIPLINARIO DE CIENCIA MÉDICA (que lamentablemente coincidió con la guerra de la recuperación de las ISLAS MALVINAS), decía, en la parte que se refiere a la historia de la facultad, que el internado rotatorio se inicia en 1968. Tal vez de ahí tomó google la referencia, pues cuando le es requerida la fecha repite como inicio el año ‘68. En el blog subimos una extensa historia de su paso por nuestra facultad que nos mandó Hugo Alume y en ella dice que en 1965, Oscar Aguilar es nombrado encargado del Internado Rotatorio y él, Hugo, ncargado de la rotación de cirugía que se efectuaba en el Htal. Tornú. Al año siguiente, al retirarse Aguilar, Alume es designado encargado del mismo cargo que desempeñó muchos años. Consultando a alumnos de la promoción ‘64, Jorge Pérez Rovira, contó que él lo hizo rotando Cirugía en la Sala 6 del Ramos Mejía con el Dr. Bercovich, y en el mismo Htal. Clínica Médica con Sanguinetti en la Sala 1. Pediatría, con Murtagh en el Rivadavia y Obstetricia con Votta en el Salaverry. Hay otras comisiones, por ejemplo Alicia Farinati de la misma promoción, que cursaron Pediatría en la Maternidad Peralta Ramos y Htal. de Niños, Clínica médica en el Ramos Mejía, Cirugía en el Pabellón Torello del Muñiz y en el Salaverry Obstetricia. Son datos que demuestran que el Internado Rotatorio se inició antes del ‘68. De la primera y segunda promoción no tengo datos.

Ahora vamos al tema: Consistía en una rotación de 3 meses por las cuatro clínicas básicas: clínica médica, pediatría, cirugía y obstetricia. Yo la hice atrasado una rotación, pues Carlos Sanguinetti me bochó en Clínica, único bochazo de mi carrera (lamentablemente debo reconocer que muy justo) y eso me hizo atrasar una rotación. A mí me tocó un grupo fantástico: Margarita Cornejo, Alberto “Yuyo” Rodríguez, Atilio Barbeito, Lisardo Alemán y Carlota Asar. La hacíamos en distintos hospitales.

Pediatría: en el Niños. Cucullo se había jubilado y estaba la Dra. Fernanda G. de Aramburu, que se destacó en hepatología y fue jefa de servicio de gastroenterología, era muy buena médica y excelente docente. Otro grupo la hizo en la Casa Cuna con el Dr. Jorge Nocetti Fasolino que llegó a ser presidente de la SAP.

Clínica: en la sala 1 del Ramos. Sanguinetti ya estaba jubilado pero seguía yendo y permanecía el excelente plantel de semio así que aprendimos mucho. En esta rotación hice mi primera y única evisceración, pues cuando morían a la tarde no había eviscerador y los médicos querían que en algunos casos se hiciera la autopsia, que harían los anatomopatologos al otro día. La hicimos con Margarita Cornejo.

Obstetricia: en el Argerich con Roberto Votta ( Presidente de la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia y miembro de número de la Academia Nacional de Medicina) que había ganado la jefatura de servicio por concurso por lo que había dejado el Salaberry. Lo había acompañado un joven médico, ya nombrado, que no me acuerdo el apellido que le decíamos “Harold”. Estaba también Osvaldo Parada que le hacía pierna en todas las investigaciones que hacía. Como concurrente Badesarri, graduado en nuestra universidad. La cursada fue muy buena. Hicimos un trabajo sobre infección urinaria y embarazo con la indispensable colaboración de Alicia Farinati. Tal vez no debería contar esto, pues fue la recomendación de Votta. (Fórceps en segundo plano!!!). Pero han pasado tantos años ... Había un parto que no avanzaba clavado en segundo plano, era ya mediodía y no había anestesistas para una cesárea. Unos de los médicos del staff de apellido Sala, veterano, que era una artista con los fórceps aceptó hacerlo. Me acuerdo que una vez colocados el fórceps, apenas, se veían parte de los mangos. No había rotado (estaba en segundo plano) y él le hizo hacer todo el trayecto, incluso rotarlo, con una habilidad asombrosa. El niño nació fenómeno.

Cirugía la hice solo en el Pabellón Torello del Tornú con Alume como instructor. Fue durante el verano para poder recuperar el atraso que tenía. Me acuerdo que era la colita de Alume, pues yo iba atrás de él adonde fuera. Vi varias cirugías y también hice de ayudante de alguna. El cirujano era Oscar Aguilar.

AGREGADOS

Las charlas. 

Pienso que en todas las instituciones educativas los estudiantes hablan de los temas relacionados a sus estudios, pero nosotros hablábamos mucho, es más hasta “jugábamos” con los conocimientos que íbamos adquiriendo. Traigo a la memoria tres episodios de los muchos que vivimos. El primero en la cátedra, reunidos los ayudantes en un tiempo libre, jugábamos a dibujar en un pizarrón con tizas de colores regiones anatómicas. Gerardo Robles, uno del equipo dibujaba muy bien y empezaba: primero la piel, luego dibujaba la región, borraba y seguía; después el segundo plano celular subcutáneo y borraba, aparecía el pectoral mayor que dibujaba y luego también borraba, continuaba con el pectoral menor que también resecaba y llegaba al paquete vasculonervioso y así todos los planos. Era un juego.

Otro recuerdo fue una charla de pasillo donde estaba Ramón Saráchaga, que hacía guardia en el Italiano donde estaba Petrolito. Eran los inicios del estudio del medio interno y equilibrio acido-básico donde este médico daba impulso al tema, asunto en el que nosotros estábamos medio flojos. Ramón nos dio una improvisada lección sobre eso (2). Cuando hacíamos el internado rotatorio Lisardo Aleman, que formaba parte del grupo, quería ir a EEUU a hacer la residencia de Obstetricia, para ello debía dar un examen médico en inglés tipo opción múltiple. Tenía un librito con infinitas preguntas (en inglés, que Lisardo traducía) y nos pasábamos horas “jugando” a contestarlas.

Los bochazos.

Había tres formas de presentarse a un examen: a) bien preparado, b) preparado con algunos agujeros y c) flojos, tipo piletazo. A esto se podría agregar “la batata” que nosotros llamábamos caprex. En general los compañeros iban muy bien preparados pero siempre había algún aplazado. El hecho de no sacar bolilla podía ser una ayuda pues el examinador podía pasar de un tema a otro si quería darte una mano y sacarte del que estabas flojo y recuperarte paseándote por todo el programa. Voy a contar una experiencia que me tocó vivir. Estaba en la cátedra, probablemente haciendo alguna disección, un día que Dellepiane tomaba examen de anatomía de superficie, no recuerdo si parcial o final. Yo estaba a bastante distancia, pero lo suficiente como para ser testigo de lo ocurrido. La alumna, era una mujer (una de las mejores del curso y hasta ahí voy a llegar para no identificarla), estaba de espalda a mí y el profesor de frente, medio de costado, lo que me impedía hacer alguna seña. Estaba proyectando un riñón sobre el modelo perfectamente ubicado... pero al revés, el hilio hacia lateral y Dellepiane le decía que estaba mal y ella no caía. Y no cayó. No recuerdo si la bochó, pero creo que sí. Debe ser el único aplazo de su carrera.

LA SECRETARÍA

Sería imperdonable finalizar estas crónicas sin hacer un recuerdo de nuestra querida secretaria Isabel Dieguez. Fue la única secretaria que tuvo la institución hasta que cuando estabamos en 5° o 6° año, apareció Becker (creo que se escribía así) a ayudar a Isabel en su actividad. Este hombre era el polo opuesto de Isabel, seco, indiferente, reglamentarista. Isabel era única: morocha, pelo negro, unos ojazos como para hacerle una zamba, dulce, siempre sonriendo, nunca tenía un no, invariablemente poseía una solución para nuestros problemas. La recuerdo con ese libraco de actas, que a mí me parecía inmenso, cuando dábamos examen en los hospitales y ella lo llevaba y asentaba los resultados de los mismos. Muchos años después la volvimos a ver en un encuentro, blanca en canas, pero con la misma dulzura de siempre. Fue para nosotros, como un ángel tutelar desde su imprescindible actividad.

LAS GUARDIAS

En aquella época todavía existía el practicando en las guardias. Eran clásicas las manteadas, alguna vez verdaderos excesos. El origen se encuentra en los famosos bailes del internado. Ahí nacieron los tangos “Matasanos” y “Pulmonía doble”. Las guardias contaban con un jefe, un asistente, creo que algún otromédico, los médicos de ambulancia y los practicantes estudiantes aventajados. Un practicante mayor y dos menores, los seguían los practicantes llanos. El último que entraba era el “último perro”, hacía de todo, desde buscar la piza hasta sacar un fecaloma. Creo que nosotros, en el año ‘66, fuimos la última promoción de ese sistema remplazado por otro formado exclusivamente por profesionales.

Inicié mi guardia en el verano del ‘63 después de haber aprobado SEMIOLOGÍA. Era la guardia del jueves. El jefe era Etchebarne, muy recto y serio, el asistente, Artusi. Los nombres del mayor no lo recuerdo, uno de los menores se llamaba Alberto Dalbo y se la tenía creída. Posteriormente fue un sanitarista muy importante en Chubut y Rio Negro. La otra menor era una chica con una gran capacidad de docencia y aprendí mucho con ella. Me acuerdo que tenía una libreta donde anotaba todo lo que le parecía importante. Fui el primer alumno del Salvador que entraba a esa guardia. Conmigo entró un sobrino de Artusi, rápidamente le pusieron “Atusito”, compartíamos el dudoso título de último perro. Cursé todo el verano pero mi primera hepatitis puso fin a la experiencia y ya no volví. Me pareció que le sacaría más provecho a este aprendizaje si lo hacía después de haber dado todas las materias. Así fue como mientras hacía el internado entré de la mano de Mario Díaz a la guardia del actualmente inexistente Hospital Salaverry. El Hospital Salaverry ubicado en Mataderos era antiguo y chico pero atendía cantidad de pacientes, de modo que era rico en experiencias para un practicante. A diferencia de mi primera experiencia los practicantes eran casi todos del Salvador de la promoción ‘68. Todas las madrugadas llegaba alguien de algún frigorífico con lesiones severas de mano. A todo hora accidentados de tránsito por su cercanía con la General Paz. Había muchos gitanos en el barrio de modo que eran pacientes frecuentes y a veces bastantes complejos. El jefe era Benjamín Ceriani, cirujano de la escuela de Finochietto. A las 20 hs daba un curso de cirugía de urgencia donde aprendimos mucho, era muy ampuloso y fue un avanzado al decir que cirugía de urgencia debía ser materia de grado. En la USAL se da Emergentología en el Internado Rotatorio. El asistente era Scimarella, una médica de ambulancia, que no recuerdo el nombre, que padecía un síndrome de Turner. El practicante mayor Pereda, al igual que uno de los menores, Jorge Font Saravia (que había sido compañero mío de colegio) eran de la UBA, el segundo practicante menor Johnny Parodi compañero mío, que adquirió fama internacional en cirugía vascular.

Realmente había mucha camaradería, y a las noches comíamos pizza y venían nuestras novias. También se hacían partidos de fútbol nocturnos en el playón que eran bastante friccionados. Practicantes me acuerdo: Mario Díaz, Carlos Errecalde y su novia, y posterior esposa Graciela Avanzi, María Elena Estévez, Von Haften de la UBA (no sé cómo se escribe). Tendría algunos cuentos para narrar, pero esto se pondría muy extenso. Realmente fue una experiencia muy provechosa

LA REVÁLIDA

Para los que no están informados les explico: cuando se reguló el funcionamiento de las universidades privadas, a los egresados de facultades, cuyos graduados con título académico iban a ejercer sobre terceros, tenían que dar una reválida para demostrar que sus conocimientos alcanzaban el nivel necesario para el ejercicio de su profesión, y así obtener un título habilitante. Eso ocurriría en los diez primeros años, tiempo en el cual se evaluaban los resultados, y si estos eran buenos ya no tenían la necesidad de revalidar el título. En pocas palabras, el Estado quería saber si eran reales algunos rumores (que hoy aún circulan), de que los títulos se compraban. Recién en 1995 se creó la CONEAU que organizaría y unificaría las acreditaciones de carreras de grado y posgrado. El tribunal se formaba con profesores de fama reconocida. En mi caso fueron Horacio Podesta por mi facultad, Antonio Alzugaray, jefe de sala de clínica médica, por el ministerio y Rodolfo Campodónico, ex titular de farmacología y actual académico por la misma. Fuimos solamente dos los que dimos ese día. Carlos Basano que sería cirujano por el Hospital Italiano, primer director del Hospital del Chocón, y posteriormente afamado cirujano del Neuquén y yo. Me tocó una niña de 14 años con ictericia, que por los datos que obtuve sería obstructiva. Una punción hepática lo confirmó por la dilatación del colédoco y la posterior cirugía extrajo un lito del colédoco. No era común una litiasis coledociana en una joven de esa edad. En el examen pasaron rápido el caso clínico y fueron directo al interrogatorio. Me acuerdo perfectamente que Alzugarar me fondeó con ictericiashemolíticas tema que sorteé bastante bien. Campodónico me fue llevando a la amebiasis hepática, y terminó preguntando por el tratamiento. Yo respondí con la emetina y, como tirar a fondo en la esgrima, preguntó si me acordaba las dosis, que eran muy ajustadas por la toxicidad del producto (ahí me acordé de Martínez) y se las dije. Campolongo se sonrió. Dieron por terminado el examen. No recuerdo si ponían nota o era aprobado o reprobado, pero aprobamos los dos. No quiero pecar de orgullo pero creo que dejamos bien sentado el prestigio de la facultad.

FINAL, FINAL.

Una alumna recién bochada llora en la galería, tratando de ocultar su llanto. Se acerca un profesor y la consuela. Esta era la facultad que aspirábamos. La alumna era Susana Villa, el profesor Julio Cesar Ortiz de Zárate. Después de esta larga crónica nos queda una pregunta. ¿La facultad llenó nuestras expectativas? Mi respuesta es sí, reconozco que hubo agujeros, pero generalmente se llenaron bien. Ahora te interpelo a vos, exalumno si has llegado hasta acá. ¿Cuál sería tu respuesta?


      (1) Había una copa de rugby que se jugaba todos los años entre la UCA y la USAL: Legón-Villamil, llamada así en honor de dos de los fundadores que fallecieron en los inicios de sus respectivas Universidades, Legón por la UCA y Villamil por la USAL. Normalmente la perdíamos pues la UCA tenía muchos jugadores de Champagnat que eran muy buenos.

      (2) Veo ahora en Google una publicación del año ‘65 (pero ya hacía 10 años que se habían iniciado estos estudios sobre el tema) firmada por Petrolito en col.


Graduados en Diciembre de 1965

1-Argilla, Nilda Raquel

2 -Armesto, Germán

3-Branzo, Inés

4-Colombo, Jorge

5-Cuesta José

6-De Carli Inés

7-Delfino Marta

8-Del Sel Carlos

9-Farinatti Alicia

10-González, Eduardo

11-Hernández José María

12-Isola Jorge

13-Macome Juan Carlos

14-Mango Raul

15-Michelini Alfredo

16-Molinero Iris

17-Pérez Rovira Jorge

18-Pruvost Inés

19-Rosenberg Hugo

20- Santos Isabel

21-Tufró Horacio Alejandro

22-Van Houtte Isabel

23-Vermal Carlos

24-Yaya Ángel Jorge

25-Baldesarri Carlos


GRADUADOS EN DICIEMBRE 66

1. PARODI, Juan Carlos

2. AZAR, Carlota

3. COLOMBO, Osvaldo (Chochi)

4. CORNEJO SAN MILLAN, Margarita

5. CASSINO, Leticia

6. BINELLO, María Marta

7. CALETTI, María Gracia

8. CILIBERTO, Josefina

9. CORES, Mirta

10. DIAZ, Mario

11. CERIANI, José M.

12. ALEMAN, Lisardo

13. HOFFMANN, Miguel

14. DECLERQ, Greta

15. RODRIGUEZ, Alberto

16. CACERES, Blas

17. RAMJAK, Rosa

18. REY, Carlos

19. BARBEITO, Atilio

20. PASTROVICHIO, Dina

21. BARONI, Susana

22. RIVERA, Blanca

23. MANGO, Raúl

24. GRADUADOS EN ABRIL DE 67

25. BASSANO, Carlos

26. SAENZ CAVIA, Juan


COMPAÑEROS QUE ESTUDIARON CON NOSOTROS

PERO NO HICIERON EL INTERNADO CON NOSOTROS

1. RUIBAL, Beatriz

2. IRIGOIN, María Helena

3. ALVAREZ, Ovidio

4. ROMANI, Hugo

5. ZABALA, Adela

6. LAGORIO, Nélida

7. IGLESIAS, Nelson

8. DE LA HORRA, Juan

9. MIRANDA, Antonio (Chichín)

10. BORINI, Mario

11. SCARLATTI, Anita

12. MARQUEZ, Arturo

13. PLANES, Norma

14. COSENTINO, María del Carmen

Esta lista está obtenida de una vieja que tenía, incompleta del fruto de la memoria, por lo tanto puede ser que tenga errores.

Se aceptan correcciones.


Sueño y contrasueño en una noche después un asado entre amigos bien rociado

Yo veía a jóvenes recién salidos de la adolescencia que habían tomado una decisión que afectaría de una  forma total el destino de sus vidas. Tal vez esa decisión los ayudó a dejar la adolescencia y pasar a la juventud. Doble decisión ya que elegían una Universidad nueva que se proponía ser distinta. Querían ser médicos, pero distintos. Eran chicas y chicos que entraban a un viejo edificio de la calle Callao. Un inmenso Jesús, pidiendo que dejen que los niños vayan a Él, los recibía desde el capitel. Un escudo con el emblema de la Compañía los acompañaría los siguientes años. “IHS Iesus Hómine Salvatorun” (Jesús salvador de los hombres). Adentro un hermoso patio lleno de verde, fuente con peces, palmeras, les da la bienvenida. Otro era el sector que sería la sede de sus primeros años: escalera, primer piso, sobre el ala de Río Bamba, antiguas aulas de física, química, museo del colegio, otra escalera más humilde los llevaría a lo que fue pupilaje, que ya no existía. Ahí, boxes de por medio fisiología y en el otro extremo microbiología Mi “otro yo” también tuvo un sueño muy parecido al tuyo, que fantástico, los veo y los recuerdo, son como “cuatrociennnntos” (como dice un paisano de mi pueblo) que van a hacer el ingreso, pero que raro, no los veo en el Salvador, están en un colegio de monjas en la calle Bartolomé Mitre. Será el Santa Rosa. Margarita Cornejo, salteña ella, que el Cura la había elegido como bedel, está pasando lista.

Que sueño!! Yo los veo ahora en el Colegio, están en práctico: anatomía, huesos e histología tejidos. Dibujando células y huesos. Ves algo más? Santos Lara, el Cura Rodríguez, Manolo Martínez Prieto, Zotta. Lo ves a Zotta? Yo no. Como me hizo parir en el secundario. Pero qué cambio en el ingreso. La veo a Mabel “Viky” Bianco dando práctico de anatomía. ¡Qué cambio después! También un grupo grande mirando un transparente, percibo un ambiente de ansiedad, de tensión, ¿por qué será?

Clarito están viendo quienes ingresan...¡Qué momento! Serán sesenta.... Como los granaderos.

27 de marzo de 2020

Luis Schapira

¡¡Se nos van yendo nuestros Profes!!
El 23 de marzo de 2020, nuestro queridísimo Profesor Luis Shapira volvió a la Casa del Padre.
Años hermosos en la cátedra de semiología en los que tuvimos el honor de tenerlo como profesor.
Gran Maestro, bellísima persona, sabio médico entregado a sus pacientes y por lo que sabemos excelente esposo y padre de familia.
Nos acompañó a varios de los Encuentros de Egresados iluminando con su presencia y palabra a todos los que estábamos.
Gran pérdida... Nos volveremos a encontrar seguramente en el cielo donde estará buscando gente para transmitirle algo de su sabiduría.

Hasta vernos Maestro...Que en Paz descanse

18 de febrero de 2020

Con gran pesar informamos que el 23 de diciembre de 2019, el Señor decidió que Otilia Conforti se trasladara al cielo para seguir dando clases con la maestría que siempre la caracterizó. 
Toda una época de nuestras carreras se va junto con Otilia.
La recordaremos por siempre con su humildad...su conocimiento... su pedagogía... su estar siempre sin figurar. ¡¡Qué gran mujer!!
¡¡Siempre en nuestros corazones hasta volver a vernos!!